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domingo, 15 de abril de 2012

¿Pensamos en grande?


Siempre he sido partidario de pensar en grande, en grandes gestas, grandes aventuras personales y profesionales, y poco a poco, me voy dando cuenta que, ese pensamiento, estaba incompleto aunque fuera acertado, según mi modo de ver.

Cuando oímos esa expresión de pensar en grande, podemos pensar en convertirnos en astronauta, ser futbolistas del Barça o del Real Madrid, hacer un viaje a Nueva Zelanda o exportar nuestro producto a todo el mundo, pero me doy cuenta de que pensar en grande es más que eso, Mucho más que eso, porque pensar así, es quedarse en las migajas de lo que puede ser y que, con empeño, será.

Hoy veo que pensar en grande es saber perdonar aquella ofensa que tanto nos duele todavía, tener aquella charla que venimos postergando día tras día, promocionar a la persona adecuada en lugar de aquella que es políticamente correcta, aceptar el error, confiar en este o aquel compañero, pedir perdón a aquella persona a la que tanto daño hicimos, atrevernos a cambiar nuestra forma de pensar, …. Todo eso es pensar en grande, mucho más que ir en cohete a la luna o convertirse en una réplica de Apple.

Pensar en grande es hoy, para mi, aprender a lanzar por los aires mis barreras, situarme en posiciones que me puedan quitar la respiración, que me produzcan vértigo, que cuestionen mis actuaciones hasta el momento, que supongan verdaderamente hacer honor a mis principios y valores, a no renunciar jamás a ellos.

Pensar en grande es atreverse a cuestionarlo todo, a no pensar que lo mío es lo importante y lo de los demás accesorio, es ponernos al límite, es eliminar esas creencias que nos están limitando y permitirnos cruzar la frontera de nuestros pudores con la valentía de los conquistadores, es adoptar el coraje de los enfermos terminales, quizás con miedo y prevención, pero decididos a tomar el camino que haya que tomar.

No es ninguna broma, pensar en grande es situarnos en otro plano, de humildad, de coraje, de tenacidad, abandonando la tranquilidad de lo cómodo para abrazar lo que puedo ser.

Es un reto, ¿te animas a intentarlo y a compartirlo?

miércoles, 11 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (VIII)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (IV)

El nombramiento salió publicado en las principales cabeceras económicas del país, Expansión, 5 días y las secciones de Economía de la prensa generalista; Recibí montones de mails de felicitación, incluso de aquella gente que un día me había mirado por encima del hombro en la Facultad y –ahí le llegó a Pedro un enorme bostezo recordándole que también su cuerpo necesitaba un descanso-. Me parece que el resto del relato lo tendremos que dejar para mañana.

- Juan Carlos se desperezó en su butaca orejera de piel de una forma ruidosa – Tienes razón; la verdad es que la historia está muy interesante pero estamos cansados, así que mejor nos vamos a dormir. ¡Diablos! – dijo con inquietud – no he llamado a Maca, así que mañana me tendré que esforzar con un buen perdón

¿Un buen perdón?

Sí, eso lo aprendí de un buen amigo jienense, el cual decía que para evitar ser malo, malvado y malévolo a los ojos de la esposa, había que mantener la llama encendida con atenciones diarias y que, de lo contrario, había que buscar su perdón en función del desaguisado

Ya me perdonarás pero sigo sin entenderte; claro que podría ser por la hora y la Tramontana que no ha dejado de soplar en toda la noche.

Sí, te cuento, él sostiene que hay tres tipos de petición de perdón: el de floristería, cuando el tema no es más que un olvido ligero o una metedura de pata leve; de ahí, te vas a la de Pastelería, que vendrá cuando el tema ya sea algo más grave y la metedura sea de mayor calado. Algo como ofender a la suegra, por ejemplo y, por último, tenemos la de joyería, adecuada cuando la metedura de pata es ostentosa, del tipo olvidar el aniversario de boda, su cumpleaños, llegar tarde a casa sin avisar o avisando pero en un estado deplorable, …

Ei, eso es una excelente receta; tomo buena nota para utilizarla con Ana –dijo con cariño, mientras sus ojos mostraban un sentimiento muy profundo que no pasó desapercibido a Juan Carlos.

- Subieron las escaleras y Pedro le mostró a Juan Carlos su habitación, la cual tenía el baño integrado.  – Supongo que la chica habrá hecho las camas y puesto toallas limpias, pero vamos a comprobarlo – dijo mientras echaba un vistazo a la habitación y al baño.

El sonido del viento, pese a la excelente construcción de la casa, era muy acusado y, aunque no se veía, se percibía el Mediterráneo enfurecido, con un fuerte olor a mar en las calles. Era la 1 de la madrugada y apenas habían luces encendidas en el pueblo.

Juan Carlos hizo gala de sus estilos de perdón y llamó a un servicio de 24 h. de floristería para garantizar que, a primera hora de la mañana, Macarena recibiera un bonito ramo de flores variadas, como a ella le gustaban.

El sol entraba con fuerza por la ventana y la chimenea, ya apagada, actuaba de caja de resonancia de la Tramontana, avisando que sería otro día ventoso en el que lo mejor era no aventurarse fuera de cobijo.

El reloj del comedor, cuya mesa aún guardaba los restos de la cena del día anterior, marcaba las 11,30. – Bueno Juan Carlos, mientras tu haces esa llamada de resarcimiento a Macarena, aprovecharé para recoger todo esto y luego nos vamos al pueblo a desayunar.

Sí, si quiero conservar mis derechos legales sobre la familia pero oye, ¿hay algo abierto en este pueblo, en esta época del año?

Desde luego, no comerás mejores desayunos que los que prepara Montserrat, la de la Fonda de la plaza de la Iglesia; venga, no pierdas el tiempo y haz ya esa llamada.Juan Carlos cogió el teléfono pero, justo en ese momento, sonó su timbre y una sonrisa se dibujó en su cara; era Macarena con una regañina teñida de la complicidad de 20 años de matrimonio y de un ramo de flores entregado a tiempo.

Todo y con el correr del agua, Pedro oía la conversación de Juan Carlos con Macarena y, en su voz, había esa confianza y ternura que llegó a perder con Ana pero que por fin había recuperado, no sin esfuerzos titánicos y sin caer al más profundo de los pozos.

miércoles, 18 de enero de 2012

Fuerza en ti, fuerza en mi, fuerza en nosotros


Realmente es indescriptible ver a un Equipo trabajando como tal, bailando unos con otros, sí, no lees mal, digo bailando, porque tal parece la comunicación entre esas personas que interactúan juntas con un objetivo común, aunando intereses personales con intereses comunes y haciéndolos uno, gran diferencia con el grupo de personas que decide unirse con un fin común que deviene distinto para cada uno de los miembros.

Indescriptible y complejo, tremendamente complejo, porque hablar de esto significa hablar de confianza, de interdependencia, de humildad, de sencillez, de autoliderazgo, competencias estas notablemente distintas a las de antiguos paradigmas, cuya incoherencia era patente, buscando la competitividad, el recelo, la soberbia, la dirección por mando. En este tipo de gestión, las barreras entre los individuos simplemente desaparecen y se produce la simbiosis.

Mis primeras reacciones surgen de mis propios filtros mentales, de mis creencias limitantes, las cuales intentan protegerme SIEMPRE según esos parámetros y así, aparecen los “cuidado con este o con aquel, cuidado con compartir la información no sea que se adueñen de ella, cuidado con esto, con aquello y con lo de más allá”.

Ahora imaginemos unas personas que se unen  con la mentalidad abierta, limpia de prejuicios, con ansia de compartir, de dar y recibir, con confianza, con humildad, sabedoras de que en esa unión es, precisamente, donde está la fuerza de ellos mismos como individuos y de todos como conjunto indisoluble cuando se presentan como tal.

Supongamos también esa interdependencia, muy por encima de la tan anhelada independencia que, si bien es cierto que consigue que seamos nuestros propios dueños, también lo es que nos hace renunciar a la riqueza de la unión y del compartir, de disfrutar de nuestra propia diversidad, la cual nos hace fuertes y nos ayuda a crecer en nosotros mismos.

Un conjunto en el que las líneas trazadas por el bien del sistema, nos llevan a que cada cual sea líder de uno mismo, se involucre en la medida necesaria y asuma el rol de guionista y protagonista en cada momento, sin necesidad de censuras o policías de control.

Sueño con ese sistema y tengo el inmenso privilegio de participar en la creación de algo que funcionará de ese modo. Es complejo e intenso, pero funcionará y nos permitirá mostrarlo a otras realidades que busquen algo similar.

Estoy en ti, estoy en mi, estoy en nosotros, esa es la única filosofía, ¿te unes a ella?.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Grandiosidad


Maravilloso el ser humano, único en su capacidad de crecimiento, de superación de las adversidades, de expansión de su propio yo, sin más intereses que la satisfacción de saberse grande en su humildad, en su sencillez, en su esencia interna.

En unos momentos en los que los más apuntan a verlo todo negro, en los que las quejas por los defectos y las actuaciones de otros (siempre son los otros, nunca la pregunta ¿qué es lo que puedo hacer yo?) son mayoría, hay brotes de esperanza, repuntes de grandiosidad, de resiliencia, de generosidad.

Vemos como la campaña de recogida para el Banco de Alimentos en Barcelona, consigue doblar los resultados del pasado año, recogiendo 800 toneladas de alimentos para los más necesitados, alimentos recogidos en supermercados, en puntos de entrega….de los ciudadanos anónimos que son realmente grandes en sí mismos.

Es el pueblo mismo el que se moviliza para paliar carencias. De nada sirven los lamentos, las quejas, los ataques de toda índole cuando las personas deciden resolverlas.

Cuando la generosidad nos invade, cuando el miedo desaparece, cuando la decisión emerge, no hay dificultad lo bastante grande como para no ser vencida. Veamos los tiranos derrocados, el triunfo de los microcréditos en cualquier lugar del mundo, proveyendo de recursos a los más necesitados para garantizar su desarrollo en dignidad, los voluntarios entregando su tiempo, su ilusión y su amor a los indigentes en las calles de tu ciudad.

Cuantas personas en interdependencia, siendo para que ellos mismos lo sean y para que otros puedan ser.

Hay quien dice que no tenemos solución, que todo se va al traste pero, ante muestras como estas, solo puedo pensar en positivo, en la fuerza de la generosidad, de un presente que nos refuerza y en un futuro que adivino lleno de luz.

Ahora es el momento, mañana será tarde, así que apostemos fuerte por nosotros mismos.

Me propongo empezar hoy, ahora, ¿me acompañas?

lunes, 21 de noviembre de 2011

Ser v.s. tener o hacer


Un buen amigo y compañero de proyectos, suele acuñar una frase que es digna de la mejor de las reflexiones: Hemos estado comprando cosas que no necesitábamos, con dinero que no teníamos para impresionar a gentes que, en realidad, no nos importaban.

Verdaderamente, la frasecita tiene su aquel, y es que, de forma continuada, hemos estado alimentando Dios sabe qué, con la intención de gustar o impresionar a otros, pero no a la gente que vale la pena, ya que esta no necesita de regalos ni lisonjas para estar con nosotros, para querernos por lo que somos, más que por lo que tenemos o hacemos.

¿Qué es lo que hace que tengamos esa necesidad?, ¿Qué queremos conseguir con eso?, ¿A quién queremos impresionar?, ¿Qué Valores queremos trasladar a nuestros hijos?; estas y otras preguntas son algunas que me surgen cuando pienso en las veces que podía haber obrado de ese modo.

Cuando mis hijos eran pequeños y estábamos en la playa (en cualquier playa cercana, sin necesidad de irse al Caribe y contarlo luego a los amigos o de traer 685 fotos que, de forma inmisericorde, les hacíamos ver como pago a la cena con la que obsequiábamos a nuestro regreso), percibía que los niños eran felices con muy pocos ingredientes fáciles de encontrar en cualquier parte: arena, agua de mar y unas cuantas olas. Por parte nuestra, un paseo a la orilla del mar o sentarnos a ver el atardecer remojándonos los pies desnudos, era el mayor de los placeres.

Así pues, hoy  percibo que muchas de las necesidades que por aquel entonces tenía, no eran tales si no la forma de mantener un estatus que no importaba a nadie más que a mi mismo, una forma de tener sensación de seguridad porque mi interior era incapaz de proporcionármela; debía tener o hacer más que ser.

Hoy SOY, prescindiendo de lo que haga o lo que tenga aunque, a fuer de ser sincero, debo reconocer que disfruto enormemente con lo que hago, buscando la satisfacción en mi interior, en la esencia de ese hacer. Miro hacia adentro y la sensación es de Plenitud, ¿quieres seguir haciendo o teniendo o prefieres empezar a Ser?, este es un magnífico momento para empezar la transformación, más que el cambio.

jueves, 12 de mayo de 2011

Una nueva vuelta de tuerca a la humildad


Muchas han sido las veces que me he arrancado a plasmar unas letras en torno a la insana y pérfida soberbia y a su maravillosa hermana la humildad, porque no pueden existir la una sin la otra, sería una cara sin la cruz, un ying sin yang, una Isabel sin su Fernando, una luz sin sombra y eso, no veo que sea posible.

Me he sorprendido con la mente perdida en pensamientos que no me aportaban más que pocas dosis de humildad y sí muchas de soberbia, soberbia corrosiva y ácida, capaz de matar, o al menos de adormecer, a lo mejor que hay en mi. Cuando me pongo por delante de todo y de todos, cuando creo que tan solo en mi está la Razón y la Verdad, cuando mi sombra alargada es mucho mayor que mi esencia, entonces es que algo en mi interior se está rompiendo, se está diluyendo, está desapareciendo.

Y es que con semejantes actitudes, es imposible que pueda llegar a contemplar lo bueno que hay en otros, las perlas de conocimiento que hay tras tu sonrisa, o agazapada detrás de sus palabras sencillas, huyendo de barroquismos trasnochados o de discursos sin contenido.

Cuando te sientas a escuchar a tu hijo, a tu pareja, a tu amigo, a tu colaborador, a tu colega, a tu jefe, te das cuenta de la enorme cantidad de aprendizaje que hay en sus palabras, si y solo sí, eres (soy) capaz de acallar esas voces que te dicen que esto y aquello, ya lo sabía, lo había hecho, se me había ocurrido, lo había dicho, …. Y tantas y tantas expresiones por el estilo.

Te propongo que nuevamente nos sentemos con la mentalidad del aprendiz, sin prejuicios, sin etiquetas, sin razones, virgen de juicio, anhelante de tu verdad para que juntos podamos construir la nuestra; ¿empezamos hoy?, ¿empezamos ahora?

martes, 3 de mayo de 2011

Liderazgo, una Metacompetencia (V)


Proseguimos desgranando el rosario de algunas de las competencias que componen el Liderazgo, yendo esta vez a comentar la Humildad la cual, según el diccionario de la RAE en su 22ª edición, se define en primera acepción “como Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”.

Durante una época, tuve la suerte de trabajar con uno de los mejores formadores que hay en España, el cual había sido el Director de Formación de una gran multinacional y en aquel momento, con algo más de 67 años, seguía ejerciendo la docencia empresarial de forma independiente. Su sabiduría era inversamente proporcional a su soberbia y su saber hacer, comparable al del mejor cátedro universitario que hayáis visto nunca.

Al preguntarle por la razón de esa humildad su respuesta fue inmediata: ya le di cazos de soberbia a mi ego y llegó a reventar, así que ahora, ya no aparece por aquí. Nunca llegué a agradecerle aquellos meses de aprendizaje.

Vemos en el líder humilde a la persona consciente de su sabiduría y de su ignorancia, consciente de sus recursos y limitaciones, con la transparencia que le permite acudir en busca de la mejor ayuda en el momento adecuado, ya sea esta a través de personas ajenas a la Organización o en la propia y, dentro de esta, compañeros, jefes o colaboradores, sabedor de que en cualquier parte está el conocimiento, la habilidad o la técnica necesaria.

Suele ser esa persona que escucha de forma atenta, absorbiendo el conocimiento de allí de donde venga, sin avergonzarse ni un ápice de esa falta del mismo.

Me sorprendió, en una ocasión, el Consejero Delegado de un gran grupo farmacéutico nacional. Yo era realmente joven, unos 30 años, y el ya habría puesto los 60 en su haber; hablábamos de temas de Gestión de Personas y el escuchaba con una atención difícil de explicar, aquella que me hacía sentir experto; sus preguntas eran certeras y sus comentarios inteligentes. Cuando resolvimos el tema que me encargó, entendí porque era una de las personas más respetadas del mercado y de la sociedad española e internacional: aprendía en cualquier momento y de cualquier persona y solo su humildad e inteligencia le permitía hacerlo.

Siguiendo con la tónica de esta serie de post, dejarme que os sugiera una tarea: dedicarle 30 minutos a charlar con una persona de la Organización que, en la estructura piramidal, esté en un nivel más básico que vosotros, ser tan curiosos como un niño de cinco años y dejarle claro que no sabéis tanto como ella en lo que es experta (limpieza, deporte, contabilidad, administración, ventas, música, venta de billetes, etc). Ya me contaréis.

PD. Gracias Manolo, gracias D. Rafael

martes, 26 de octubre de 2010

2ª etapa de mi camino de Santiago

El caminar es ahora seguro, todo y que en ocasiones pequeños brotes de egomanía y soberbia vuelven, como antaño, en busca de su ración de alimento; la diferencia está en que hoy por hoy, este escasea si no es inexistente y, a la mínima percepción, la humildad marca las reglas del juego y deporta a la dama impertinente a su rincón de soledad.

Este descubrimiento es importante, en especial unido a la percepción de que en grupo tenía que marcar la diferencia y sobresalir pero, en solitario, la más terrible de las vergüenzas anidaba en mi. El resultado era que me sentía incapaz de compartir en solitario, debía tener publico conocido para poder hacerlo….justo hasta hace muy poco tiempo.

Ayer asistía a una presentación en una escuela de negocios de un tema bien conocido: El Coaching Ejecutivo. Otrora, habría estado en silencio ante una cuarentena de personas de las cuales tan solo conocía a un par, de las que estaba alejado pero, sin contención alguna, las palabras empezaron a salir, no por deseo de figurar, si no para aportar un criterio distinto al expuesto o para confirmarlo, buscando el debate.

Esa sensación de acaloramiento que me invadía en tamaña situación, fue sustituida por la tranquilidad de saberme en igualdad de condiciones que el resto de copartícipes de la reunión. Ya no estaba ese azoramiento, ese temor a meter la pata, al qué dirán, si no que la seguridad y la necesidad de ese compartir ganó la batalla de una forma natural.

Este camino hacia dentro, apasionante camino interior, se muestra intenso, divertido, duro, como el iniciado años atrás aunque, todo es decirlo, el callo emocional de haber aprendido a entrar en estas profundidades, facilita su tránsito aunque no lo haga más liviano, ya que continúan habiendo zonas de oscuridad y zonas de luminosidad intensa en las que refugiarse.

Cada vez existen menos zonas en las que no considere adentrarme, aún y sabiendo que en ellas encontraré un invierno desigual. El aprendizaje y la satisfacción de estas vivencias hace que se tornen, si no primaveras, si por lo menos otoños atemperados de los que salir reforzado. Mi zona de confort se va ampliando y, con ella, los propios horizontes.

viernes, 2 de julio de 2010

La puerta del cambio sólo abre desde dentro

Veo algunas sonrisas socarronas ante el títulin de esta reflexión, algo así como “eso lo hemos oído en todos los cursos de gestión del cambio” y nunca lo hemos visto hecho realidad, y no os falta razón aunque….

Y ahora viene la argumentación desde mi esencia, desde la parte del ser en la que se encuentra la maneta que abre la puerta. Sesión tras sesión compruebo como el proceso transformacional únicamente puede producirse desde el convencimiento del individuo, desde lo más profundo de su ser, cualquier intento sobre otras bases devendrán teatrillos de marionetas con mayor o menor fortuna.

¿Cuantas veces no habremos oído “a este/a le cambio yo”?, ¿cuántas lágrimas no habremos visto por esos cambios que no llegaban o que, produciéndose, eran efímeros?

Desde estas líneas me atrevo a afirmar que el cambio es posible desde el interior de la persona, desde su conocimiento más íntimo, desde sus anhelos más deseados, desde sus angustias más intensas, desde sus desgarros emocionales…o desde los aspectos más simples o banales para el más común de los mortales.

No basta con la verbalización o el deseo, hay que tener el firme convencimiento de salir de nuestra zona de confort, de avanzar, de crecer, de expandirnos hacia el mejor yo que queramos ser, conscientes de la dificultad que ello implica pero firmes en nuestra decisión.

Ayer la soberbia fue mi hábito, hoy camino hacia la humildad, deseoso de que el camino me muestre la forma de desprenderme de esa losa que pesa en mi equipaje. Sacar unos elementos que me impiden crecer para hallar otros que me permitan expandirme, esa es la parte apasionante de mi viaje hacia la transformación.

Y ahí me lanzo mi propia pregunta, ¿cómo será mi mejor yo?, consciente de la volatilidad de la misma; ¿cómo sacaré lo mejor de otros sin sacar antes lo mejor de mi mismo?.

jueves, 18 de febrero de 2010

CONSECUENCIAS DE LOS IDOLOS CON PIES DE BARRO

No deja de sorprenderme la capacidad que tenemos los seres humanos de hacer nuestras, miserias que no son más que generalizaciones….y me explico.

Los editores de CAPITAL HUMANO tuvieron la gentileza de publicarme un artículo, en el número de febrero de 2010, en el que hablaba sobre los ídolos con pies de barro (ver texto en este mismo blog: http://koakura.blogspot.com/), algo que hasta aquí es lógico si tenemos en cuenta la misión de cualquier revista, que es la de difundir opiniones, conocimiento o sucesos acaecidos, de forma objetiva.

La sorpresa se produce cuando recibo media docena de contactos, entre llamadas y correos electrónicos, de distintas personas que ocupan posiciones ejecutivas en diferentes empresas, identificando su organización con el dibujo genérico que de algunas organizaciones enfermas de EGO hacía aunque, naturalmente, ese ego correspondía a algunos dirigentes TIPO (lamento si alguno de ellos se ha visto identificado aunque, si así ha sido, unos baños de humildad podrían ser un buen remedio), siempre hablando desde una perspectiva incorpórea y abstracta, sin personalizar en ningún momento.

La siguiente derivada es pensar el porqué, estas personas, piensan que me refiero a la organización en la que prestan sus servicios ya que, obviamente, si piensan así, no puedo pensar en una persona que esté alineada con sus jefes, aunque sí, quizás, alienada por los mismos lo cual podría ser, en lo fonético, parecido pero, ni por asomo, sinónimo en su significado.

Esta es, sin ningún género de dudas, una excelente oportunidad para identificar elementos tóxicos y neutralizarlos, ya sea desde la perspectiva del trabajador (buscar una oportunidad alineada, esta sí, con sus valores y luchar por ella), o del empresario (sustitución inmediata de las bacterias causantes del mal, incluso si se tratara de ellos mismos, por el bien de los beneficios futuros).

domingo, 7 de febrero de 2010

Ídolos y gigantes con pies de barro. Beneficios de la incertidumbre

En la labor diaria que desarrollo como Consultor y como Coach, estoy en contacto continuado con personas que desarrollan diversas actividades, desde los estudiantes de universidades o escuelas de negocios, hasta los empleados públicos o privados, altos directivos o profesionales liberales; todos ellos tienen algo en común: son personas, aunque a veces sea difícil reconocerlos como tales, por los enormes esfuerzos que hacen para ocultarlo.

Del mismo modo, las organizaciones, grandes o pequeñas, públicas o privadas, mercantiles o con finalidades sociales, comparten diversos factores comunes, de entre los que destaca el estar realizando su misión con personas, algo que, a menudo, y más en estas épocas, parecen olvidar. Organizaciones que, apenas hace un par de años anunciaban a bombo y platillo ambiciosos planes RSE, de conciliación o ambos, o enumeraban su alta implicación con el bienestar de las personas, sufren de una profunda amnesia que les lleva a una peligrosa ley del péndulo. Algunas de ellas, incluso llegaron, antaño, a ser premiadas por estos motivos….sobre el papel

A diario oímos hablar de antiguos ídolos personales, personas a las que sus alumnos/colaboradores/compañeros/jefes, habían ascendido a los altares, que han caído en profundas simas, algo a todas luces injusto, con los ídolos y con sus creadores ya que las personas no somos más que eso: personas, aunque a más de uno le cueste creérselo y devenga en una especie de reyezuelo de república bananera con ínfulas de Capitán General.

Todo y así, debemos ser conscientes de que esos ídolos caídos, tienen buena parte de culpa de su caída al crecerse ante el halago, al ser ellos mismos los grandes propagadores de historias banales convertidas en grandes gestas, procurando ensombrecer esos pequeños matices que tan grandes hacen a las personas y tanto ayudan a las organizaciones.

Veo y oigo decisiones guiadas por la más enorme de las soberbias; personajillos de tebeo cuya mayor cualidad ha sido estar en el sitio adecuado en el momento oportuno, utilizando el temor como moneda de cambio y a quien todo se le perdona porque “el/ella es así”.

Cuando vemos organizaciones en las que la salida de personas es un continuo goteo; cuando, además, esas personas son personas que han demostrado sobradamente su valor y cuentan con ideas frescas para el futuro, ímpetu, empuje, optimismo y alegría ajada por la cultura organizacional, empecemos a pensar que esas personas no dejan la Organización; ¡huyen de ella y de sus jefes! Y, lo que es más curioso, vemos como esos mismos jefes, denostan a esas personas. Suelen ser estructuras con muy poca capacidad de autocrítica, soberbia a borbotones y gestores que no concilian ni tan siquiera con ellos mismos.

Bendita crisis, bendita incertidumbre que hace aflorar hogaño esas miserias. Aunque pueda parecer injusticia o crisis personal, es una espléndida oportunidad para renacer y valorar en su justa medida la vida cotidiana, nuestro sueños e ilusiones y, sobre todo, para alinearnos con nosotros mismos y aquello que anhelamos; lejos del hedonismo y próximo a nuestro interior; un momento en el que llega a verse la satisfacción de echar una mano sin esperar nada a cambio, de contribuir a la recuperación de unos valores que, no olvidemos, siguen ahí esperando a que vayamos a buscarlos. Por fin, bendita incertidumbre.

Jordi Vilá