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domingo, 11 de marzo de 2012

Coaching, el transito hacia mi mismo


No sé si hay palabro que haya sido tan prostituído como este, aunque quizás la Inteligencia Emocional, también lo fue en su día. Hoy por hoy, nos encontramos con multiplicidad de conceptos a los que se les añade la palabra como prefijo o sufijo, quien sabe con qué intenciones.

Como Coach profesional puedo hablaros de los procesos de transformación que he podido acompañar en estos años, ya sea a nivel de Organizaciones o a nivel estrictamente Personal. Fijaros que hablo más de transformación que de cambios, puesto que entiendo los primeros como la construcción de unos hábitos que nos puedan llevar allá donde queramos ir, frente a lo efímero que supone algo que no se sostiene en mis comportamientos.

El proceso de Coaching es útil cuando la persona quiere realmente asumir un objetivo que para ella es importante, y aquí podemos hablar de cualquier faceta de nuestra Vida, siempre que no implique una patología, ya que entonces el profesional más adecuado será un psicólogo o psiquiatra, en función del caso.

Si la persona no está dispuesta a implicarse al 100% en esa transformación, lo más posible es que el proceso no culmine con éxito, algo que muchos de nosotros hemos podido comprobar en alguna ocasión y, en mi caso, se produjo con un cliente corporativo, al que la empresa sometió con una fuerte resistencia que devino en un completo bloqueo que nos llevó a abortar el mismo.

A partir de ahí, la complicidad entre Coach y Coachee (nombre que recibe la persona que inicia el camino), deviene absolutamente fundamental ya que la confianza es el primero de los pilares en los que se basa nuestra relación, ya sea con una persona o con un equipo de ellas.

En un proceso de Coaching, y fijaros que no hablo de sesión si no de proceso ya que una sola resulta a todas luces insuficiente, la persona se sorprenderá de su propio potencial, de las decisiones que están a su alcance, de la cantidad de limitaciones autoimpuestas por no escucharse a sí misma y, en resumen, de su grandeza.

Transitaremos por caminos interiores que no siempre resultarán agradables pero que siempre serán necesarios; caminos de uno mismo que en ocasiones se ocultan tras frondosos bosques de egos, temores o filtros mentales y que nos llevan a la visión de nuestra esencia. También encontraremos sendas maravillosas de ese mismo interior, algunas de las cuales también habremos mantenido ocultas por el propio miedo a brillar.

¿Te apetece iniciar este camino?

martes, 3 de enero de 2012

Estar presente


Ojo!, no hablo de estar de cuerpo presente, ya que eso es lo que hacemos cuando simplemente nos hayamos físicamente en un lugar y nuestra mente está a cientos de horas o de kilómetros de allí, o quizás ambas cosas a la vez. Algo así parece que ocurre con cierto tipo de personas cuando está acompañadas, haciendo cualquier actividad, en su puesto de trabajo,  sea este cual sea, o incluso con su familia,  en la que, simplemente, se limitan a hacer presentismo de cuerpo, que no de mente.

Hablo de estar 100% en el lugar, en el momento, percibiendo todos y cada uno de los matices en los que focalizo mi atención y que me permiten ser consciente de lo que ocurre aquí y ahora, el tiempo y el lugar que me permiten vivir. Ese es el momento en el que me encuentro en comunión con las personas con las que estoy, en las que un lazo invisible nos une para compartir esa vivencia, esa charla, ese momento, bueno o malo, alegre o triste, amenazador o ilusionante.

Curiosamente, es esa la relación que se produce en una buena sesión de Coaching. Todas mis voces interiores quedan en silencio, todas salvo las de la intuición que surge con fuerza de entre la bruma de la información emitida por mi cliente y que surge de él y para él. De repente, todos los estímulos ajenos a mi cliente desaparecen, todo pasa a formar parte de esa relación que comparo con la que tiene el AVATAR con su animal volador.

En este estado puedes percibir todos y cada uno de los elementos de la naturaleza en ese momento, todos y cada uno de los estímulos que se hacen presentes en el aquí y el ahora, excitando tus sentidos de un modo difícil de conseguir por otros medios. Hablo de estar presente, de acompañar al otro en ese impresionante camino hacia su interior.

Hoy estoy presente aquí, contigo, mientras escribo estas letras.

¿Estarás hoy presente mientras estás haciendo aquello que es importante, estar con tus amigos, compañeros o familia?, verás que el cambio es importante; no se trata de estar, si no de realmente estar con ellos.

sábado, 8 de enero de 2011

Profundizando hacia tu interior

Veo unas profundas ganas de compartir nuestras inquietudes, nuestros anhelos y nuestros sueños, pero tenemos una gran dificultad inicial en dejar ir nuestras sensaciones, nuestras emociones, como si se tratara de algo sucio y abyecto que hay que mantener en todo momento bajo control.

En las sesiones de Coaching podemos observar como el tarro de las esencias empieza a destaparse, como el cliente, sea un ejecutivo o un estudiante, un profesional liberal o un artista, empieza con todos sus temores bajo control, caminando sobre caminos conocidos y controlados.

Aquí es donde la pericia del Coach hará que esa persona inicie el camino de su vida, ese camino que le llevará por sendas quizás no tan conocidas, algunas luminosas, otras oscuras, pero todas ellas cargadas de significado, de aprendizaje.

Y ese camino, no está exento de exploración, de búsqueda de nuestros temores, sueños e ilusiones más ocultos, como si se tratara de ir descarnando una cebolla, capa tras capa, permitiendo salir a la luz la auténtica esencia del fruto, su parte más sabrosa y auténtico significado de su existencia.

….Todo partiendo del fruto, sin mayor intervención del cocinero más que el simple acompañamiento en su camino; aspirando un aroma primero que quizás devenga sin sentido para, poco después, estirar aquella capa que parecía no tener más valor que el de una piel estropeada, descubriendo un extraordinario potencial en ella.

El camino no acaba nunca, siempre habrá una parte que descubrir, un tramo que explorar, por el bien del crecimiento y siempre estará en nuestras manos iniciarlo, aunque nunca sin que estemos preparados para ello.

A menudo me sorprende ver como surgen aspectos insospechados al inicio de la sesión, como esas capas de cebolla dan lugar a auténticas perlas, blancas unas, negras las otras; aspectos que remueven lo más profundo del ser, llegando a la auténtica esencia del individuo, suponiendo descubrimientos cargados de significado, siendo verdaderos regalos.

El tarro de la esencia se destapa completamente entonces y ya solo queda dejarlo fluir, SER, con mayúsculas; déjate fluir y empieza a ser, permítete ver en tu interior; vale la pena intentarlo.

martes, 26 de octubre de 2010

2ª etapa de mi camino de Santiago

El caminar es ahora seguro, todo y que en ocasiones pequeños brotes de egomanía y soberbia vuelven, como antaño, en busca de su ración de alimento; la diferencia está en que hoy por hoy, este escasea si no es inexistente y, a la mínima percepción, la humildad marca las reglas del juego y deporta a la dama impertinente a su rincón de soledad.

Este descubrimiento es importante, en especial unido a la percepción de que en grupo tenía que marcar la diferencia y sobresalir pero, en solitario, la más terrible de las vergüenzas anidaba en mi. El resultado era que me sentía incapaz de compartir en solitario, debía tener publico conocido para poder hacerlo….justo hasta hace muy poco tiempo.

Ayer asistía a una presentación en una escuela de negocios de un tema bien conocido: El Coaching Ejecutivo. Otrora, habría estado en silencio ante una cuarentena de personas de las cuales tan solo conocía a un par, de las que estaba alejado pero, sin contención alguna, las palabras empezaron a salir, no por deseo de figurar, si no para aportar un criterio distinto al expuesto o para confirmarlo, buscando el debate.

Esa sensación de acaloramiento que me invadía en tamaña situación, fue sustituida por la tranquilidad de saberme en igualdad de condiciones que el resto de copartícipes de la reunión. Ya no estaba ese azoramiento, ese temor a meter la pata, al qué dirán, si no que la seguridad y la necesidad de ese compartir ganó la batalla de una forma natural.

Este camino hacia dentro, apasionante camino interior, se muestra intenso, divertido, duro, como el iniciado años atrás aunque, todo es decirlo, el callo emocional de haber aprendido a entrar en estas profundidades, facilita su tránsito aunque no lo haga más liviano, ya que continúan habiendo zonas de oscuridad y zonas de luminosidad intensa en las que refugiarse.

Cada vez existen menos zonas en las que no considere adentrarme, aún y sabiendo que en ellas encontraré un invierno desigual. El aprendizaje y la satisfacción de estas vivencias hace que se tornen, si no primaveras, si por lo menos otoños atemperados de los que salir reforzado. Mi zona de confort se va ampliando y, con ella, los propios horizontes.

sábado, 9 de octubre de 2010

1ª etapa de mi camino de Santiago

Hace unos años, allá por 2004, iniciaba un camino solitario, consciente de mi necesidad de renovación, tal era la identificación del ogro que empezaba a nacer en mí o que, quizás, hacía tiempo que estaba escondido tras la relatividad del éxito o de mi imagen distorsionada de él.

La soberbia era su principal aliada, dulce amante voluptuosa en sus formas y envenenada en su esencia. Aquel año, empezaba un camino escrito a fin de adentrarme en él para dejar atrás retazos de ese yo que, en demasía, buscaba reconocimiento y agasajo.

Distintas fueron las etapas recorridas que me permitieron un camino de introspección, mi particular “Camino de Santiago”, en que saltaron como esquirlas láminas de fachada, litros de vanidad y maquillaje. Fue necesario transitar desiertos de conocimiento, creencias de saber, con el apoyo de aguadores accidentales, soportes fundamentales de mi ser que acaban siendo partes esenciales de mi.

Consciente de que fue un camino largo y difícil, llegó a su fin de forma precipitada; no “Mi Camino de Santiago”, si no el relato de él. Retazos de palabras que quedaron por escribir en etapas críticas de una vida que ahora es y que, en ese momento, resultaba una especie de broma, con episodios mínimos de autenticidad, haciéndole el juego a dios sabe qué.

Hoy puedo afirmar, sin temor al error, que ese primer trecho de camino interior consiguió dejar atrás esa sirena de mi interior, seductora furcia de mentes poco claras. Parte del propio aprendizaje, ha sido descubrir que ese camino no tiene fin.

Como los ojos de ese pequeño de dos años con lengüecilla de trapo, ajeno a convenciones, redescubro su mente de aprendiz, sedienta de crecimiento y del descubrimiento de nuevas realidades, ya no tan alejadas de mi propia identidad.

Imaginaba este trayecto en soledad, como en su momento original, pero empiezo a ver en la complicidad de otros, una fuente de alimentación vital, que continua en interdependencia y me lleva a la plenitud.