domingo 26 de febrero de 2012

Fuerza cotidiana


Cada día me impresiona más comprobar como tenemos realidades cotidianas que sobrepasan, y en mucho, la grandeza que nos muestran los medios de comunicación sobre deportistas y personajes de renombre.

Cada día, si prestamos atención y bajamos hasta un nivel de profundidad adecuado, podemos constatar como los enormes esfuerzos callados realizados por millares de personas, tienen su recompensa, quizás no mediática, pero sí en sus interiores y en el entorno que nos envuelve que es, al fin y al cabo, lo que debiera realmente interesarnos.

Personas con pasados intensos, con presentes dolorosos, con vivencias al límite que deciden seguir adelante con sus vidas, pese a quien pese y a lo que suceda; personas que creen en sí mismas aunque en ocasiones puedan aparecer dudas, héroes del día a día que saben construir su presente y su futuro, aún y de una forma incierta.

Hay quien sostiene que ya no le quedan fuerzas para ello, pero no hay más que pensar en el sentido de nuestra vida para ver que realmente hay un presente por vivir, quizás difícil, quizás doloroso, pero presente al fin, que nos llevará a esa casa del mañana que tanto hemos soñado.

Miro a esas personas anónimas y pienso en su grandeza, en su fortaleza, apenas reconocida por ellas mismas. No cejan en su empeño de levantarse una vez, y otra, y otra más, sin desfallecer aunque en ocasiones fuera eso lo que el cuerpo les pediría.

No hace mucho, alguien me decía que estaba harta de obviedades, pero es que no por obvias, las cosas son menos ciertas, como todas y cada una de esas almas que renacen a diario en sí mismas.

Hoy es un regalo, sea como sea ese hoy, porque nos ofrece la posibilidad de vivirlo intensamente, pensando que ya nunca retornará, como no retorna jamás el mismo río ni la misma ola . Ayer ya no existe y mañana está por llegar, así que casi mejor que nos aseguremos de que habitamos el día con todos nuestros sentidos.

Hoy te miraba a los ojos y sentía tu renacer, estás aquí.

viernes 24 de febrero de 2012

¡Quedan Valientes!!


Recorrí kilómetros y kilómetros buscando esos ingredientes que permiten la innovación: la creatividad, la confianza, el coraje, la valentía, pero no había forma de encontrarlo.

Recorrí gobiernos e instituciones y solo encontré miedos, egos y soberbias o, en una palabra, ansias de poder, sin poder hallar esa confianza que buscaba. Me hablaron de países en los que en su día todos esos ingredientes estuvieron en épocas de transición, uniendo pueblos y derrocando reyezuelos de república bananera.

Acudí a empresas y volví a encontrarme con cosas parecidas, si bien es cierto que existían grupos de personas que luchaban hasta la exasperación por mantener unos ideales y unos valores, tanto en grandes como en pequeñas organizaciones, aunque parecía que la mayor parte de ellas, tan solo llevaran gafas para ver de cerca.

Pensé entonces en los representantes de los trabajadores, otrora tan útiles para la sociedad y descubrí grandes dosis de protagonismo y muy pocas de auténtica representación social. Cada organización estiraba hacia un lado sin preocuparse en exceso del estado de su, teóricamente, protegido.

Me uní a manifestaciones populares y descubrí en ellas a líderes más preocupados por sus propios intereses que por los de la comunidad. La gran farsa de la representación popular a gran escala, atacando comercios y menoscabando la libertad del prójimo.

Supuse que aquello que buscaba ya habría desparecido de la faz de la tierra, hasta que se me ocurrió entrar en un parvulario, una de esas escuelas para chiquitines de entre 3 y 5 años. Allí descubrí maestros con caras ilusionadas, pequeñajos con ojos desbordantes, escuchando por los ojos y oyendo con sus miradas.

Ellos desconocían esos miedos de los adultos, no habían tapujos, las cosas se llamaban por su nombre y, aunque esos guías de su desarrollo marcaban unos límites, seguían correteando ajenos a los peligros de la brecha en la frente y, de hecho, más de una rodilla lucía las medallas de la costra y el repelón.

Realmente, en los niños pude encontrar esos diamantes del comportamiento, esas joyas del valor.

¿Seguimos buscando juntos esos pozos de futuro?

martes 21 de febrero de 2012

Apegos


Leía en el libro “Amanecer en el desierto” de Waris Dirie, que los nómadas somalíes, no acaparan más posesiones que aquellas que pueden transportar en su tránsito de un lugar a otro o, lo que podríamos llamar, ir ligeros de equipaje.

Cada día que pasa, veo como nuestra civilización tiene una gran necesidad de posesiones o de recuerdos físicos o….y voy siendo consciente de que no son más que cadenas que nos atan y que nos limitan impidiendo ese movimiento de los nómadas, quizás no en el espacio, pero sí en el espíritu.

Nuestra mochila no podrá contener más cosas si no la vaciamos antes, así que bueno será ir aligerando esa carga y dejarla liviana para que realmente tenga cabida aquello que sea imprescindible para nuestro viaje.

¿Qué es realmente importante para mí?, todo lo que no lo sea, es prescindible y podemos dejarlo en el camino, liberándonos de una carga que no ha de aportarnos nada.

Montones de cosas y de personas con las que tenemos un apego enfermizo, de las que no podemos prescindir….hasta que nos vemos obligados a ello y comprobamos, no sin dolor en la mayoría de ocasiones, que no suponía algo capital para nosotros.

Especial incidencia tiene esto con las personas, con amigos, pareja, padres, hijos, colegas, ya que más allá de la pertenencia, percibimos sentimientos muy profundos por ellos, sin llegar a imaginarnos como puede ser la vida sin su presencia.

Un día las personas parten, quizás tan solo de nuestro lado o tal vez de su propio cuerpo pero, en cualquier caso, dejamos de tenerlos con nosotros y eso es algo que debemos aceptar, ya que el camino de cada cual debe realizarse, sean cuales sean nuestros deseos.

La riqueza de cada uno está en su interior más que en sus posesiones terrenales y, esa, nadie se la podrá quitar, nadie tendrá el poder para despojarnos de nuestra esencia, de nuestros sentimientos, de nuestros sueños, anhelos, alegrías y tristezas.

¿Qué cadenas te estás creando con tus apegos?

domingo 19 de febrero de 2012

Del Grupo al Equipo. El éxito de la Organización (6/6)


Desatender los resultados.

Nos encontramos ya con la última de las cinco disfunciones según Lencioni. Un Equipo no sobrevivirá si no se centra en los resultados globales, por más confianza, gestión del conflicto o autoresponsabilidad.

Aquí es donde nos encontramos con aquellas organizaciones que premian la acción individual, que potencian las carreras de uno u otro, en la que los individuos optan por conseguir sus propios resultados, sin importar los de la globalidad, algo habitual de ver en cualquier tipo de organización en la que cada parte, buscará su propio resultado.

Todos hemos vivido, o vivimos todavía, en organizaciones o equipos en los que los egos prevalecen sobre el bien del conjunto, donde la metavisión o visión de pájaro, no se considera ya que se teme el incumplimiento de los propios objetivos, en ocasiones contrapuestos con los del conjunto, lo cual nos da pistas sobre la función del líder en este caso.

Equipos en los que la estanqueidad de sus departamentos, hacen inviable poder ir todos a una, considerando la globalidad como el premio a alcanzar. A fin de cuentas, de poco servirá alcanzar los objetivos de Ventas si la empresa va a la quiebra.

Cuando un individuo es capaz de realizar sacrificios por bien del colectivo, vemos que vamos en la dirección apropiada, siendo esos los comportamientos a potenciar. Ganamos todos como perdemos todos sin excepción.

Si el Equipo es capaz de gestionar estas cinco disfunciones, podemos comprobar como los resultados, sean de la tipología que fueren, mejoran de un modo exponencial, llegando a cotas difícilmente imaginables de otro modo.

Si prestamos atención, veremos que no es algo tremendamente complejo si no, más bien, puro sentido común, no obstante, la complejidad viene a la ahora de implementarlo, ya que entran en juego sensaciones, sentimientos, egos o desconfianza, aspectos estos que deberán ser custodiados por el garante de los mismos: el líder del Equipo, quien no deberá dejar de velar por ellos ya que, en tiempos difíciles, es fácil volver a antiguas costumbres, a antiguos paradigmas.

¿Ven todos los miembros de tu Equipo el objetivo como un objetivo global?

miércoles 15 de febrero de 2012

Del Grupo al Equipo. El éxito de la Organización (5/6)


Evadir la responsabilidad.

Cuando en un Equipo hablamos de evadir la responsabilidad, no estamos hablando de que un miembro “escurra el bulto” y no cumpla con su compromiso, ya que esa sería la disfunción anterior, aquí hablamos de eludir la responsabilidad de ser un garante del buen comportamiento de todos y cada uno de los miembros del Equipo.

Y es que ese debería ser un rol asumido naturalmente por todos los miembros, todo y la incomodidad que supone llamar la atención a un compañero sobre su comportamiento respecto al buen funcionamiento del Equipo o a los compromisos aceptados.

He sido parte y observador de este tipo de actuaciones y, cuando se producen desde la perspectiva del bien del Equipo, la verdad es que provoca unos resultados espectaculares, especialmente cuando de lo que se trata es de transformación, de cambio de hábitos o de la consecución de determinados objetivos.

De hecho, todos se hacen responsables mutuamente, con lo que los estándares de Calidad aumentan exponencialmente.

En demasiadas ocasiones, el hecho de buscar la comodidad, nos impide actuar de ese modo, alentando la mediocridad y cargando la responsabilidad únicamente en el líder, con lo que ese liderazgo compartido, pierde su sentido y se entroniza el ejercicio del poder según los antiguos paradigmas.

Como podemos ver, a partir de ese momento, se asume un compromiso mucho mayor, se aumentan los estándares y el deseo de cumplir con la parte asignada, hace que sea una práctica innecesaria.

La publicación de los hitos intermedios de cualquier proyecto, de las bases de funcionamiento, de los objetivos parciales o totales, animará al colectivo a tomar conciencia de la necesidad de mantener un tono elevado en el cumplimiento de su parte de responsabilidad ya que, sin ella, el objetivo global, se torna imposible y genera frustración.

¿Tenemos la valentía de advertir a nuestro compañero sobre su actuación o nos dejamos ir en caída libre hacia la mediocridad?

domingo 12 de febrero de 2012

Del Grupo al Equipo. El éxito de la Organización (4/6)


Falta de compromiso

Tal como hemos visto hasta ahora, las dos disfunciones anteriores nos llevan sin duda alguna hasta esta tercera y es que, sin confianza y temiendo al conflicto, es prácticamente imposible que pueda existir compromiso con el Equipo.

Cuando hablamos de compromiso por parte del Equipo, hablamos de que todos sus miembros se mueven como una piña, aún y cuando las decisiones adoptadas, no se ajustan a lo que hubieran deseado, es decir, se ejercita el consenso, esto es, que aunque no sea mi opción la elegida, la defenderé a ultranza y lucharé por ella.

En este estado de compromiso, el egoísmo desaparece, aflora la máxima generosidad, la fuerza, la unión y aquello que parecía imposible, comienza a tomar cuerpo.

El compromiso significa también coherencia entre lo que ofrezco y lo que entrego efectivamente, mostrándome franco y aceptando mis limitaciones y áreas de mejora; dicho de otro modo, es mejor comprometerme a dar un 20% de mi tiempo a esto de forma completa y hacerlo efectivamente, que comprometerme a un 50 y dar tan solo ese 20%, ¿la diferencia?, el Equipo sabe con los recursos de los que puede disponer y, por tanto, realiza una planificación ajustada.

Cuando asumo ese compromiso tras un debate acalorado y hago mía la decisión de la mayoría, asumo también todas sus consecuencias, tanto las del éxito como las del posible fracaso, por lo que no cabe la culpabilización de nadie y sí, por el contrario, el éxito sin paliativos de la actuación como un bloque.

Esto hará que en una organización, no se observen fisuras, exista coherencia y la transmisión en todas direcciones, sea clara y honesta. Seguro que todos hemos visto a aquel miembro del Equipo de Dirección diciendo algo como ya sé que no tiene sentido, pero lo ha decidido el consejo, con lo cual lo que hace es difundir la falta de unión y compromiso de sus miembros, algo que sin duda alguna, calará en la Organización.

Seamos valientes y actuemos todos como uno, aceptando incluso aquellas decisiones que nos resultan incómodas, por el bien del colectivo y, especialmente, seamos coherentes en nuestros ofrecimientos ya que a nadie beneficia que te retires sin haber cumplido tu compromiso.

¿Qué harás para mejorar tu compromiso con el Equipo?

miércoles 8 de febrero de 2012

Del Grupo al Equipo. El éxito de la Organización (3/6)


Temor al conflicto

Todo debe ser políticamente correcto, no deben haber desacuerdos, no pueden haber estridencias, todo debe ser una mar calma….mientras el conflicto erosiona los órganos vitales de la organización.

Podemos encontrar dos tipos de conflicto, aquellos que podríamos llamar mezquinos, ruines, con ataques personales y cobardes en desacuerdos por resolver, donde los contendientes luchan por el poder de la forma más despiadada y cuyos resultados pueden ser nefastos, pero que conviene resolver lo antes posible, y aquellos en los que la propia defensa de los puntos de vista, hacen subir la temperatura.

Tanto en unos como en otros, impedir que se gestionen, u ocultarlos como si no existiesen, únicamente nos van a provocar que la infección se vaya extendiendo bajo la epidermis, lacerando más y más unas relaciones que pueden llegar a un punto sin retorno.

En el segundo tipo de conflicto, el apasionamiento, los diferentes puntos de vista, provocarán un enriquecimiento de todas las partes y un intento de sofocarlos sin que se agote el discurso, lo único que provocará será impedir que soluciones diversas y creativas puedan salir a la luz.

El apasionamiento, la exposición firme de unas creencias, sin ningún tipo de agresión personal, hace que el Equipo salga fortalecido y sus componentes aprendan a gestionar las diferencias de criterio, pudiendo contemplar las opciones contrapuestas sin que sean percibidas como ataques si no, bien al contrario, como formas distintas de apreciar los mismos elementos.

Una gestión adecuada del conflicto, no provocará más que la sana ventilación de las diferencias existentes, aunque realmente puedan haber algunos líderes que sientan total aversión hacia él.

Puede resultar del máximo interés que ese líder sea capaz de leer el campo emocional del Equipo, poniendo sobre la mesa los estados que se detectan y que no afloran, ya sean de frustración o de alegría, puesto que hacer un caso omiso de ellos, no hará que desaparezcan si no que posiblemente se intensificarán hasta cronificarse.

Cuando el Equipo es capaz de obviar los conflictos personales y gestionar los ideológicos, el Equipo entra en una nueva etapa de madurez en el que es posible despersonalizar cualquier tipo de debate y, por tanto, de crecer con el mismo.

¿Cómo gestionarás hoy ese conflicto que sabes existente en tu Equipo? ¿O prefieres la calma aparente?