martes, 1 de mayo de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XIII)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (IX)
Así estuvimos muchísimo tiempo, gran parte de la noche, por lo que recuerdo, aunque ahora no sé si fue un sueño o una realidad, pero si te garantizo que me desperté en la butaca.

Me despertó la voz de Ana en mi oído; Marga la había llamado al dejarme en casa y se lo había contado todo, sus sensaciones de que estaba al límite, el episodio del restaurante, mis conductas automáticas y sin sentido. A Ana le faltó tiempo para organizarlo todo con las niñas, coger el primer puente aéreo de la mañana y volver a Madrid.

Al despertarme y verla allí, tuve una avalancha de sensaciones; eran las 7,30 de la mañana. Me obligó a desnudarme y a meterme en la ducha y asearme.

Cuando acabé de arreglarme, había un suculento desayuno preparado, un desayuno como los que yo le preparaba de recién casados. Eran las 8,30 de la mañana y nos levantamos de la mesa a la 1 y media de la tarde, habiéndole contado de cabo a rabo mi experiencia nocturna.

Le conté mi desencanto con el éxito, mi persecución de un sueño que era el de otros, mi lucha por conquistar aquello que se supone que debía conquistar, mi sensación de golpe, de abandono de todo lo que realmente importaba, de ella y de las niñas, de mis sueños de jovenzuelo, de mis anhelos aparcados por conseguir un éxito efímero.

¡Imagínate!, ¡5 horas hablando de nosotros!, de nuestros sentimientos, de su tristeza profunda por el abandono, de sus mentiras a las niñas para cubrirme cuando le decían que me importaban más esos señores importantes que ellas, de su amor gastado, de su esperanza ajada.

Hasta que Marga la llamó y algo volvió a despertar en su interior. Fue un momento clave en nuestras vidas, hubieron lágrimas y risas, silencios cargados de ternura y palabras preñadas de significado, hubo vida como nunca antes la había sentido.

Llamé a Marga por la tarde para pedirle que cancelara todos mis compromisos y concertara una cita con Ruíz. Se mostró preocupada por mi y ahí fue donde vi que tenía unas personas maravillosas a mi lado, personas que se preocupaban por mi, no por el puesto que ocupaba o el dinero que podía tener, algo que reafirmó mi estado de plenitud en ese momento.

Tuvo que ser un momento mágico, cuando encontraste a Ana a tu lado por la mañana –dijo con aprecio Juan Carlos, que cada vez sentía más admiración por aquella mujer que era la esposa de Pedro –

Sí que lo fue. La verdad es que entre la charla con mi otro yo y con Ana, encontré cosas de mi que habían estado muy ocultas.

Para hacértelo corto, al día siguiente, pude verme con Ruiz en Madrid, el cual volvió de Estados Unidos cinco días antes de lo previsto al oír lo que Marga le contó y que nunca me ha querido explicar.

Nos vimos en su despacho, sentados en unos sofás que siempre me había preguntado para que podrían servir, aquel día lo descubrí.

domingo, 29 de abril de 2012

El conflicto como fuente de enriquecimiento personal, profesional y organizacional


Durante muchos años consideré el conflicto como algo nocivo, fuente de malestar y peligro, quizás por vivir en un círculo en el que este era constante y la única manera de salir adelante, para un niño y adolescente, fuese evitarlo, aunque visto con la retrospectiva del tiempo, me doy cuenta de que la única manera de haber acabado con aquello, hubiera sido afrontarlo con todas sus consecuencias.

Es cierto, nuestros filtros mentales, nuestras experiencias, nos marcan, muchas veces de forma inconsciente, hasta que somos capaces de tomar conciencia de ello y, a partir de ahí, iniciar la transformación, algo que ocurre tanto en las personas como en las organizaciones.

La homogeneidad continuada, la ausencia de discrepancia, nos lleva a una armonía artificial de la cual difícilmente puede salir riqueza. No existen sistemas de ningún tipo que estén en homeostasis continuada, algo que se ve reflejado en el propio sistema solar con la desaparición de unas estrellas, la aparición de otras, la aparición de meteoritos y tantas otras.

Pensamos de un modo distinto, actuamos de una forma diferente porque nuestras creencias, nuestros valores y nuestras percepciones, son notablemente distintas. Si nos quedamos únicamente con nuestra percepción, impuesta sobre otros, no generamos más que resignación, recelo y posiblemente odio, es por ello que una exposición, tranquila o acalorada, templada o vehemente, da lugar a un arco iris de diversidad difícilmente igualable.

Vemos organizaciones que se enorgullecen de esa inexistencia de discrepancias, donde todo es, en superficie, un mar en calma, todo es políticamente correcto….al menos en apariencia, porque en las profundidades de la misma, lo que se está gestando es un auténtico tsunami que, en un momento u otro, aflorará en la superficie llevándose por delante lo que sea necesario. Organizaciones en las que la innovación suele brillar por su ausencia, en las que la jerarquía es la única fuente de comunicación, en las que el error es un fracaso y no un aprendizaje.

Cuando expreso mi discrepancia, doy ocasión al otro de saber mi sensación, mi perspectiva, como es posible el sentido inverso, evitando las presuposiciones, alimentando el conocimiento mutuo y la confianza.

Estar abierto a otras corrientes de opinión, a otros ángulos de percepción, no solo es higiénico si no que es tremendamente enriquecedor. Tomemos el tiempo para despersonalizar, para estar con la mente del aprendiz, abierta y absorbente como una esponja, para debatir desde la capacidad de recibir lo desconocido sin temor, si no con la ilusión del nuevo manjar.

Hablo del conflicto creativo, no del conflicto destructor, del que permite el crecimiento y no la aniquilación, ¿te animas a intentarlo?

miércoles, 25 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XII)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (VIII)
 - Montserrat se sentó con ellos para charlar un rato, así que la conversación quedó interrumpida un buen rato y charlaron de los pixapins, tal y como se conoce a los urbanitas de Barcelona, de la vida con la Tramontana, de la belleza de la Costa Brava y de su viudedad temprana - y tu, Juan Carlos, ¿a qué te dedicas? – a lo que Juan Carlos aprovechó para zafarse del flirteo – Administro los negocios de la familia de mi mujer en Sevilla, algo de cría de caballos, un pequeño hostal en el Barrio de la Santa Cruz y algunos pisos de alquiler.

- Montserrat puso cara de circunstancias y alegó algo en la cocina para escapar, todo y que Juan Carlos le puso una salida muy digna con su explicación –

La comida transcurrió ahora en franca camaradería, con carcajadas abundantes y anécdotas de sus épocas de estudiantes. Llegó el postre, un music, con su vino de misa para acompañar los frutos secos.

El viento había amainado y ya no era más que una brisa agradable de primavera con un día completamente despejado y acogedor, aunque un tanto frío.

¿Qué te parece si paseamos un rato por el camino de ronda hasta el pueblo de al lado? - propuso Pedro-  son las 3 y media y hay que bajar estos canelones como sea.

Hecho, pero sigue contándome.

Bien, tal como te decía, fui a comer con Marga a aquel restaurante y sin saber porqué, empecé a llorar como un poseso; todo el desapego hacia mi familia se me volvió en contra en aquel momento y percibí una emoción muy intensa en mi interior; piensa que no podía parar de llorar, así que Marga pagó y nos fuimos de allí, me metió en su coche y me llevó a casa.

No recuerdo mucho de aquel rato, aunque sí que me estiró en la cama y me tapó con una manta, vestido como estaba.

Y ahí es donde empezaron mis sueños, mis sueños salvadores, por otra parte.

Me dormí enseguida en un sueño que recuerdo como muy movido pero, en un momento dado, todo se volvió placidez. Fue como si me levantara y me sentara en una de las butacas de la sala, teniendo en la otra, ¿sabes a quién?

¿A quién? –preguntó Juan Carlos siguiéndole el juego

A mi mismo. Intentaré reproducirte la conversación que tuve conmigo mismo y que se ha repetido en distintas ocasiones, como te iré contando.

Ese otro yo, me preguntó si estaba satisfecho con mi vida

Sí – le dije -; tengo 32 años y el éxito que cualquier persona normal querría tener, el que me enseñaron cuando era pequeño, y todo lo he conseguido por mí mismo.

¿Qué éxito?

El profesional, el que ha permitido que mis hijas vayan a buenos colegios y mi mujer se pueda dedicar a las niñas, el que me ha hecho la envidia de mis amigos y el orgullo de mis padres

¿Y tu?, ¿Qué has sacado tu?

Y ahí, algo se rompió en mi interior y las lágrimas volvieron sin que pudiera evitarlo; caray Juan Carlos!, de verdad que no podía parar.

No sé lo que he sacado, le dije, la fama, el dinero, la estabilidad, el respeto

¿Respeto?, ¿de quién?

De la gente en general, de mis compañeros, de mis jefes, de mis subordinados, de mis amigos, de mis vecinos

¿Y de ti?, ¿también lo obtuviste de ti?

¿A que te refieres?, le dije sin entender del todo su pregunta, pero el silencio se hizo entre nosotros y yo me ponía cada vez más nervioso, hasta que, al cabo de unos dos o tres minutos, volvió a preguntar

¿Qué es lo que no quieres ver?

No lo sé, de verdad, aunque creo que sé por donde vas

¿Y?

Me siento vacío, me siento estafado, me siento pobre, me siento solo, dije con la voz rota

¿Qué más es lo que sientes?

Dolor, frustración, desencanto, tristeza. Un nudo estaba dentro de mi cuello como si fuera una pelota, créeme.

Háblame de esa tristeza

No lo sé identificar del todo, es como si hubiera tenido un globo lleno de aire cada vez más y más grande y, de golpe, viera que no sirve para nada

¿para nada?

No, si no lo puedo compartir con los míos, con mis chicas

Y, ¿cómo es esa ausencia de compartir?

Es el vacío, la noche oscura.

¿Qué es lo que quieres Pedro?, ¿Qué es realmente importante para ti ahora?

No lo sé, de verdad, pero tengo claro que Ana y las niñas son mi primera prioridad

Estate tranquilo Pedro, sabrás encontrar la salida. Eres muy grande, solo tienes que darte permiso para verlo.

domingo, 22 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XI)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (VII)

Aquel día sentí que algo había cambiado entre Ana y yo; el beso de bienvenida fue un beso frío, sin amor, girando la cara para evitar que la besara, como siempre, en los labios. En ese momento supe que algo iba a cambiar en mi vida, aunque mi soberbia aún me hizo pensar que, si era así, ella se lo perdía.

La cena, en la cocina, como de costumbre, no tuvo la calidez de antaño, cuando llegamos a Madrid, en que encendíamos velas para cenar en la diminuta sala de nuestro apartamento, nos besábamos a todas horas y siempre había un guiño de complicidad en nuestras miradas, una comprensión sin palabras, unos silencios trenzados de amor que no pedían palabras si no, simplemente, estar juntos.

Pedro, Ayer nos traicionaste, traicionaste a Ana, a Cata y a mi, como vienes haciendo desde hace demasiado tiempo, me dijo Ana, lo recuerdo como si fuera ahora, aunque en aquel momento no le dí demasiada importancia.

Yo argumenté la importancia de mi trabajo, los esfuerzos que estaba haciendo porque no les faltara de nada, porque pudieran tener una casa confortable, un colegio privado, un club social, y Ana me dejó hablar y hablar. Es el recuerdo más nítido que tengo, el de hablar sin parar y ella mirarme con una mirada vacía, cansada ¡no!, extenuada más bien.

Dos horas después, se levantó y me dijo que volvían al día siguiente a Barcelona. Había hablado con sus padres y le harían un sitio hasta que encontrara un apartamento. Había llamado a TORTEL y su Jefa estaría encantada de volver a tenerla en el Equipo, proponiéndole dar algunas clases de Recursos Humanos en el master que ella dirigía en una universidad privada.

Piensa – dijo Pedro – que todo aquello lo dijo sin emoción en la voz, pero con gruesos lagrimas corriendo por sus mejillas. Aquella noche dormí en el sofá.

Los dos días siguientes, no tuve tiempo ni para pensar tan siquiera; veía a Marga mirarme con cara de preocupación y pensaba que con una que me dejara, ya era suficiente, ¿o es que nadie veía quien tiraba del carro?

Llegué a Sevilla para recoger el premio, del cual se hicieron eco los principales medios de comunicaciones locales y nacionales. El Presidente de la empresa me llamó para felicitarme, igual que el President de la Generalitat, y aquello no hacía más que crecer y crecer. Era final de junio del 91.

Llamé a Ana pero no conseguí hablar con ella; recuerda que en aquella época los móviles no eran como ahora y, aunque lo hubieran sido, tampoco habría conseguido hablar con ella. Me llamó su hermano, con quien tenía una buena amistad para pedirme que le dejara espacio, que él se ocuparía de mantenerme informado.

Llegó el mes de diciembre y yo seguía con mi ritmo frenético, pero algo estaba cambiando en mi interior, aunque yo pensaba que era algún catarro mal curado…hasta que estalló todo.

En este punto de la charla, llegó la sopa, humeante, espesa y aromática, con una maravillosa sonrisa de Montserrat que no dejaba pasar ocasión de flirtear con Juan Carlos. Venga chicos – dijo Montserrat -, dejar de darle un rato a la lengua –aquí le guiño el ojo a Juan Carlos – esto se toma bien caliente.

Durante un rato, la conversación se tornó en soplidos a la cuchara y sonidos de satisfacción por un sabor que llenaba el paladar de matices poco convencionales pero muy sabrosos, algo muy habitual en la cocina de su anfitriona. Al terminar, habían entrado en calor, con alguna gota de sudor en sus frentes y las mejillas encendidas por la chimenea y las calorías ingeridas.

Cuando les retiraron los platos, llegaron los canelones, también humeantes, bien gratinados y con un olor penetrante y sabrosos, al punto de que no era posible tomarlos sin escaldarse la boca por ello, así que dejaron los tenedores y volvieron a la charla.

Por el puente de la Purísima, el 7 de diciembre, fui a comer con Marga, mi secretaria, al restaurante al que solíamos ir, muy cerca de la oficina, en una de las calles que dan a Castellana. Aquella chiquita me aprecia de verdad y aún ahora seguimos en contacto, tanto conmigo como con Ana. Ella fue una pieza clave para que todo volviera a su sitio.

- En aquel momento, sonó el teléfono de Pedro y su cara se iluminó al ver que era Ana – Perdona Juan Carlos, es Ana. Hola Ana, sí, aquí estamos, en la fonda de la Montse con Juan Carlos y unos canelones que no pueden comerse de puro calientes – ahí bajó la voz para decirle – Montse le está tirando los trastos a Juan Carlos de una forma bárbara. Sí –reía Pedro – no te preocupes, nos cuidaremos y os esperamos a Maca y a ti el sábado con las niñas, tengo ganas de veros. Un beso, adiós.

Era Ana, que muchos recuerdos y que, según lo previsto, Maca llega con el AVE de Sevilla el viernes a la noche, así que el sábado a primera hora las tendremos aquí con toda la troupe.

sábado, 21 de abril de 2012

Hijos en sí mismos





Esta semana pasada, estaba en Hacienda esperando mi turno y vi a dos jóvenes de entre 18 y 20 años, comentando ilusionados su plan de empresa y cumplimentando los formularios para su creación. Lo primero que me vino a la cabeza fue el orgullo que imagino sentían sus padres, viéndoles empezar a volar solos y recordé unos maravillosos versos del poeta libanés Khalil Gibran de su obra El Profeta, que quería compartir con vosotros:



Y una mujer que sostenía un bebé contra su pecho dijo, Háblanos de los Hijos.
Y el contestó:
Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Ellos son los hijos y las hijas de la Vida que trata de llenarse a si misma
Ellos vienen a través de vosotros pero no de vosotros.
Y aunque ellos están con vosotros no os pertenecen.

Les podéis dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis dar habitáculo a sus cuerpos pero no a sus almas,
Pues sus almas habitan en la casa del mañana, la cual no ser puede visitar, ni tan siquiera en los sueños.
Podéis anhelar ser como ellos, pero no luchéis para hacerlos como sois vosotros.
Porque la vida no marcha hacia atrás y no se mueve con el ayer.

Vosotros sois los arcos con los que vuestros hijos, como flechas vivientes son lanzados a la Vida.
El Gran Arquero ve la diana en el camino del infinito, y la dobla con su poder y sus flechas pueden ir rápidas y lejos.
Haced que la forma en que dobléis el arco en vuestra manos sea para alegría.
El también, además de amar la flecha que vuela, ama el arco que es estable.

Ciertamente, en muchas ocasiones tenemos la tentación de pensar que esos hijos que hemos traído a la Vida, son nuestra continuación, y siento cada vez más que son ellos en sí mismos y por sí mismos, no obstante, esa arcilla habrá sido moldeada, en parte al menos, por nuestras manos de padres.

Los valores transmitidos, habrán ido haciendo mella en ellos y formarán parte de su esencia, pero son ellos mismos y no una extensión de sus padres. Esos jóvenes que vi en Hacienda eran una muestra del futuro, de la educación recibida fundamentalmente en principios, en valores, en visión de la propia vida que, como dice el poeta, está deseosa de sí misma.

Está en nuestras manos poder darles esas herramientas para que las utilicen como mejor consideren, desde sus primeros balbuceos hasta nuestra partida final, siendo ellos los dueños de sí mismos.

¿Sabremos dejarles volar y forjar adultos responsables?

miércoles, 18 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (X)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (VI)
Pedro y Juan Carlos fueron a sentarse a una mesa que estaba preparada junto a la llar de foc, donde también les prepararían unas tostadas de pan de pagés con tomate. En la mesa ya estaba el porrón con vino negro de la casa y una gaseosa, del cual bebió Pedro antes de arrancar la conversación.

Ya verás como no habrás comido mejor en tu vida, de verdad lo digo – dijo a la vez que un sonido intestinal delataba el hambre que le atenazaba desde que se habían levantado hacía, según él, demasiado tiempo.

¡Vaya! – dijo Juan Carlos – veo que realmente hacía falta entrar aquí de inmediato. Bueno, sigue con la historia, que no siempre tiene uno a Pedro Puig para que le cuente su vida.

No olvides, Juan Carlos, que toda esta historia es la que necesito contarte para que entiendas algunas cosas, para que por fin me perdones de corazón.

No digas sandeces, hombre, yo ya te he perdonado, creo que el que no se ha perdonado eres tu.

Pues entonces, será que necesito contártela para quedar en paz conmigo mismo, sin que hayan medios de comunicación por medio.

Llegaron las tostadas y un fuerte all i oli para acompañarlas, así que ambos se tomaron unos minutos para preparar el manjar que les daría un respiro a sus estómagos.

Fue entonces cuando Pedro, poco a poco, continuó su historia allí donde la había dejado, con un tono de voz que denotaba aceptación, congoja y sentimientos muy profundos.

Ayer nos quedamos en mi promoción, con 31 años, a Director General de Producción. Recuerda que te dije que por un momento, tuve la cordura que me faltó para darme cuenta de que todo era un engaño que aceptaba de buen grado.

Hablamos de 1991, años preolímpicos y años pre-expo, con una actividad económica en España fuera de lo común. Mi actividad se multiplicó y, si antes eran 14 horas diarias de trabajo, ahora también estaban los fines de semana, he incluso meses enteros en los que estaba de viaje, inaugurando una planta en el hemisferio norte para, a la semana siguiente, hacer lo propio en la otra punta del mundo.

Mis hijas crecían y yo prácticamente ni las veía, Ana estaba, como siempre deliciosa, pero quejosa de que no se me veía el pelo y yo llegaba a plantearme si no eran celos por mi progresión profesional.

Llegó junio de 1992, toda Europa estaba en crisis y, por el contrario, nosotros íbamos como una moto, habiendo participado al máximo en los fastos que tenían lugar en España. Era un 15 de junio y Marga me llamó por teléfono a París para anunciarme que habían llamado de la Junta de Andalucía para darme un premio por nuestra participación en la Expo. Aquello fue el principio del fin – dijo con los ojos enrojecidos por la emoción.

¿Qué es lo que pasó ahí?, Pedro

Simple, le había prometido a Ana y a las niñas que nos iríamos de vacaciones al Parque Disney a París y, de hecho, ya estaba todo reservado; incluso Marga me lo recordó cuando me llamó, aún recuerdo que me dijo “Pedro, ojo que tienes el viaje con tus chicas previsto en las mismas fechas” y le contesté que llamara a Ana diciéndole que lo cambiara todo para una semana más tarde.

Ana me llamó al día siguiente y si te digo que estaba sin tono vital, te digo poco; me dijo “Pedro, esto no puede continuar, tenemos que hablar”, así que, a regañadientes, volví a casa la día siguiente.

Al entrar, las dos pequeñajas, Ana y Catalina, que tenían 2 y 3 años y lengüecillas de trapo, se me echaron encima; Ana las dejó jugar un rato y luego les dijo que tenían que ir dormir, que papá estaba cansado. Me dieron un beso de aquellos sonoros que dan las niñas a sus papás y se fueron con la chica de servicio para que las acostara; aquel día, no sería Ana quien lo hiciera, cosa muy rara en ella, que no dejaba nada de sus hijas al cuidado de terceros; realmente, siempre ha sido una madre ejemplar, en todos los sentidos, y aún mejor esposa, ¡que suerte tengo de que esté aún a mi lado!, aunque debo confesar que, durante un tiempo, pensé que aquello había acabado.

lunes, 16 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (IX)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (V)

Acabaron de arreglarse y se abrigaron en consonancia con el vaivén de los árboles y del sonido del viento y el mar; un buen chaquetón, zapatos de suela de goma gruesa, bufanda y un sombrero un tanto peculiar que les daba un aspecto singular que parecía divertir a Pedro.

Oye Pedro, ya son las 12,15 y con la hora que es, ¿qué te parece si paseamos un poco por las playas del pueblo y vamos a comer temprano?, así me hago a la idea de que he hecho bondad y me cuido un poco, que en casa me dicen que estoy cogiendo figura de embarazada.

Bien, de acuerdo, hágase como tu dices pero te garantizo que me podría comer un caballo sin partirlo a trozos, además, creo que no recuerdas ya como es nuestra querida Costa Brava cuando está brava como hoy.

Salieron a la calle y el viento les despejó de golpe, un viento vivificante, áspero y un tanto cortante ya que, aún y siendo primavera, aún era frío y desabrido. Sus chaquetones les cubrían bien y la gruesa suela de goma y sus sombreros, les aislaban de las inclemencias del tiempo. El pueblo estaba vacío, con muy poca actividad, como solía ocurrir fuera de la temporada o fin de semana, en que los visitantes, especialmente de Barcelona y extranjeros, poblaban sus calles.

Se cruzaron con Montserrat por la calle y Pedro aprovechó para decirle que irían a comer en un rato – Montse, este es Juan Carlos, el amigo del que te hablé, un catalán por soleares; vendremos a comer de aquí un rato, no muy tarde, que no hemos desayunado.

Cuando queráis Pedro, y compañía – dijo no sin cierta coquetería, lanzando una sonrisa a Juan Carlos – ya sabes que en esta época, no tenemos mucha gente; lo que no tengo es pescado, que Manel no pudo ir a pescar ayer por el tiempo que hace.

No te preocupes, mujer, tomaremos cualquier cosa, que en tu casa, lo de menos es lo que comes y lo mejor vuestra compañía y el cariño con el que guisas.

Curiosa mujer esta – dijo Pedro – como habrás visto, hasta con esta ventolera va en manga corta y con las mejillas encendidas. Manel es su cuñado y, no sé si te has fijado, pero te ha tirado los trastos descaradamente, y es que no pierde ocasión de jugar al gato y al ratón, pero sin ninguna maldad.

Pasearon por las calles de Calella sin prisas, comentando los cambios que había sufrido la Costa Brava, las maravillas de Girona, de Figueras y su cultura, de Púbol y Dalí y, en resumen, disfrutaron de un paseo que no era en las mejores condiciones meteorológicas, pero sí en las mejores condiciones anímicas.

El reloj tocó una campanada cuando estaban en la otra punta del pueblo, en el camino de ronda que comunicaba con el pueblo siguiente. –Bueno  Juan Carlos, creo que ya tenemos suficiente paseo por esta mañana, además, tengo ganas de seguir contándote mi historia que, si no, no sé si tendré tiempo en solo una semana, ¡hay tanto sobre lo que ponernos al día!

Justo cuando había dicho esto, una fuerte ráfaga de viento lanzó su sombrero al aire y lo llevó en un baile mágico hacia las olas, quedando su cabello completamente revuelto. – Demonios! – dijo – parece que hoy tampoco se anda con bromas, pero razón de más para ir a casa de Montserrat a comer el puchero que tenga preparado.

Llegaron a la fonda, una construcción de pueblo, con gruesas paredes y ambientada con decoración marinera, se quitaron los chaquetones, las bufandas, Juan Carlos su sombrero y se dirigieron a la chimenea frotándose las manos enrojecidas por el frío.

Bon dia Montserrat, ya estamos aquí; ¿qué tienes de comer que nos haga entrar en calor? –preguntó Pedro con una sonrisa de frío en la cara.

Hoy tengo una sopa de fondo de nevera que me ha quedado que cantan los ángeles; después, canelones o pollo, lo que prefiráis – dijo Montserrat manteniendo su tono de flirteo.

Pues yo me apunto a los canelones después de esa sopa maravillosa – dijo Juan Carlos siguiéndole la corriente.

Pues iros sentando que os lo traigo todo en un periquete. Wilma – chilló hacia la cocina – ves preparando dos cubiertos con sopa y canelones. Se alejó contoneando unas caderas robustas y fuertes de mujer recia.