miércoles, 25 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XII)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (VIII)
 - Montserrat se sentó con ellos para charlar un rato, así que la conversación quedó interrumpida un buen rato y charlaron de los pixapins, tal y como se conoce a los urbanitas de Barcelona, de la vida con la Tramontana, de la belleza de la Costa Brava y de su viudedad temprana - y tu, Juan Carlos, ¿a qué te dedicas? – a lo que Juan Carlos aprovechó para zafarse del flirteo – Administro los negocios de la familia de mi mujer en Sevilla, algo de cría de caballos, un pequeño hostal en el Barrio de la Santa Cruz y algunos pisos de alquiler.

- Montserrat puso cara de circunstancias y alegó algo en la cocina para escapar, todo y que Juan Carlos le puso una salida muy digna con su explicación –

La comida transcurrió ahora en franca camaradería, con carcajadas abundantes y anécdotas de sus épocas de estudiantes. Llegó el postre, un music, con su vino de misa para acompañar los frutos secos.

El viento había amainado y ya no era más que una brisa agradable de primavera con un día completamente despejado y acogedor, aunque un tanto frío.

¿Qué te parece si paseamos un rato por el camino de ronda hasta el pueblo de al lado? - propuso Pedro-  son las 3 y media y hay que bajar estos canelones como sea.

Hecho, pero sigue contándome.

Bien, tal como te decía, fui a comer con Marga a aquel restaurante y sin saber porqué, empecé a llorar como un poseso; todo el desapego hacia mi familia se me volvió en contra en aquel momento y percibí una emoción muy intensa en mi interior; piensa que no podía parar de llorar, así que Marga pagó y nos fuimos de allí, me metió en su coche y me llevó a casa.

No recuerdo mucho de aquel rato, aunque sí que me estiró en la cama y me tapó con una manta, vestido como estaba.

Y ahí es donde empezaron mis sueños, mis sueños salvadores, por otra parte.

Me dormí enseguida en un sueño que recuerdo como muy movido pero, en un momento dado, todo se volvió placidez. Fue como si me levantara y me sentara en una de las butacas de la sala, teniendo en la otra, ¿sabes a quién?

¿A quién? –preguntó Juan Carlos siguiéndole el juego

A mi mismo. Intentaré reproducirte la conversación que tuve conmigo mismo y que se ha repetido en distintas ocasiones, como te iré contando.

Ese otro yo, me preguntó si estaba satisfecho con mi vida

Sí – le dije -; tengo 32 años y el éxito que cualquier persona normal querría tener, el que me enseñaron cuando era pequeño, y todo lo he conseguido por mí mismo.

¿Qué éxito?

El profesional, el que ha permitido que mis hijas vayan a buenos colegios y mi mujer se pueda dedicar a las niñas, el que me ha hecho la envidia de mis amigos y el orgullo de mis padres

¿Y tu?, ¿Qué has sacado tu?

Y ahí, algo se rompió en mi interior y las lágrimas volvieron sin que pudiera evitarlo; caray Juan Carlos!, de verdad que no podía parar.

No sé lo que he sacado, le dije, la fama, el dinero, la estabilidad, el respeto

¿Respeto?, ¿de quién?

De la gente en general, de mis compañeros, de mis jefes, de mis subordinados, de mis amigos, de mis vecinos

¿Y de ti?, ¿también lo obtuviste de ti?

¿A que te refieres?, le dije sin entender del todo su pregunta, pero el silencio se hizo entre nosotros y yo me ponía cada vez más nervioso, hasta que, al cabo de unos dos o tres minutos, volvió a preguntar

¿Qué es lo que no quieres ver?

No lo sé, de verdad, aunque creo que sé por donde vas

¿Y?

Me siento vacío, me siento estafado, me siento pobre, me siento solo, dije con la voz rota

¿Qué más es lo que sientes?

Dolor, frustración, desencanto, tristeza. Un nudo estaba dentro de mi cuello como si fuera una pelota, créeme.

Háblame de esa tristeza

No lo sé identificar del todo, es como si hubiera tenido un globo lleno de aire cada vez más y más grande y, de golpe, viera que no sirve para nada

¿para nada?

No, si no lo puedo compartir con los míos, con mis chicas

Y, ¿cómo es esa ausencia de compartir?

Es el vacío, la noche oscura.

¿Qué es lo que quieres Pedro?, ¿Qué es realmente importante para ti ahora?

No lo sé, de verdad, pero tengo claro que Ana y las niñas son mi primera prioridad

Estate tranquilo Pedro, sabrás encontrar la salida. Eres muy grande, solo tienes que darte permiso para verlo.

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