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viernes, 18 de mayo de 2012

Renovación


Todo parecía estar perdido en aquel maravilloso Equipo, el ambiente enrarecido, las emociones contenidas, las verdades no dichas y las verdades veladas, oscuros escondites de sentimientos encontrados que otrora fueron cuna de maravillosos proyectos en los que uno tras otro y todos a la vez, se apasionaron sin vergüenza ni pudor.

Esa voz callada no podía ser escuchada, simplemente porque estaba agazapada. Tenedora de buena parte de las vivencias de todos, observadora de sus realidades, de las tuyas y de las suyas, y de todas al final, no tenía el espacio necesario para revelar ese sentir, esa verdad parte de la Verdad en la que todas las partes coexisten y ninguna es expulsada.

La más oscura de las sombras estaba sobre el pulso de ese Equipo, las emociones empezaban a enquistarse y a supurar, tornándose estados de ánimo depresivos, recelosos y resignados, de los que ya poco cabía esperar salvo frustración y resquemor. No cabía más que empezar a frotar, a frotar esas emociones, a hacerlas visibles, todas ellas, rompiendo esa armonía triste que se había asentado en su seno.

Ahí no hubo un líder, o mejor dicho, el líder fue el propio Equipo que tomó la fuerza de todos y cada uno de sus miembros, elevando exponencialmente sus posibilidades.

Como el junco, todos los intentos iniciales no hacían más que preparar el terreno, sin que fuera visible avance alguno, aunque las raíces sólidas y robustas de aquella relación, proseguían su crecimiento hacia el interior.

Cuando el Equipo estuvo preparado, la chispa saltó y prendió la lumbre del cambio, del cambio que debía ocurrir en el sistema, limpiando emociones corruptas. El junco empezaba a brotar con toda su fuerza, arrastrando a su paso esa tristeza de barro, buscando la luz, buscando su calor.

Ahí salió de nuevo la ilusión del conjunto, la confianza que poco a poco iría prendiendo de nuevo aunque, para ello, antes tuvo que haber sufrimiento y angustia por aquello perdido que no era tal, si no la transformación que debía ocurrir en el nuevo periodo de maduración del Equipo.

Cada Equipo tiene sus fases y, una de ellas, puede ser su desaparición o renovación, ¿es bueno, es malo?, simplemente es.

¿Qué es lo que está queriendo pasar en el colectivo en que estás inmerso?, atrévete a rascar e invita al resto de miembros a hacer saltar esas costras de verdades ocultas.

martes, 1 de mayo de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XIII)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (IX)
Así estuvimos muchísimo tiempo, gran parte de la noche, por lo que recuerdo, aunque ahora no sé si fue un sueño o una realidad, pero si te garantizo que me desperté en la butaca.

Me despertó la voz de Ana en mi oído; Marga la había llamado al dejarme en casa y se lo había contado todo, sus sensaciones de que estaba al límite, el episodio del restaurante, mis conductas automáticas y sin sentido. A Ana le faltó tiempo para organizarlo todo con las niñas, coger el primer puente aéreo de la mañana y volver a Madrid.

Al despertarme y verla allí, tuve una avalancha de sensaciones; eran las 7,30 de la mañana. Me obligó a desnudarme y a meterme en la ducha y asearme.

Cuando acabé de arreglarme, había un suculento desayuno preparado, un desayuno como los que yo le preparaba de recién casados. Eran las 8,30 de la mañana y nos levantamos de la mesa a la 1 y media de la tarde, habiéndole contado de cabo a rabo mi experiencia nocturna.

Le conté mi desencanto con el éxito, mi persecución de un sueño que era el de otros, mi lucha por conquistar aquello que se supone que debía conquistar, mi sensación de golpe, de abandono de todo lo que realmente importaba, de ella y de las niñas, de mis sueños de jovenzuelo, de mis anhelos aparcados por conseguir un éxito efímero.

¡Imagínate!, ¡5 horas hablando de nosotros!, de nuestros sentimientos, de su tristeza profunda por el abandono, de sus mentiras a las niñas para cubrirme cuando le decían que me importaban más esos señores importantes que ellas, de su amor gastado, de su esperanza ajada.

Hasta que Marga la llamó y algo volvió a despertar en su interior. Fue un momento clave en nuestras vidas, hubieron lágrimas y risas, silencios cargados de ternura y palabras preñadas de significado, hubo vida como nunca antes la había sentido.

Llamé a Marga por la tarde para pedirle que cancelara todos mis compromisos y concertara una cita con Ruíz. Se mostró preocupada por mi y ahí fue donde vi que tenía unas personas maravillosas a mi lado, personas que se preocupaban por mi, no por el puesto que ocupaba o el dinero que podía tener, algo que reafirmó mi estado de plenitud en ese momento.

Tuvo que ser un momento mágico, cuando encontraste a Ana a tu lado por la mañana –dijo con aprecio Juan Carlos, que cada vez sentía más admiración por aquella mujer que era la esposa de Pedro –

Sí que lo fue. La verdad es que entre la charla con mi otro yo y con Ana, encontré cosas de mi que habían estado muy ocultas.

Para hacértelo corto, al día siguiente, pude verme con Ruiz en Madrid, el cual volvió de Estados Unidos cinco días antes de lo previsto al oír lo que Marga le contó y que nunca me ha querido explicar.

Nos vimos en su despacho, sentados en unos sofás que siempre me había preguntado para que podrían servir, aquel día lo descubrí.

domingo, 22 de abril de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XI)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (VII)

Aquel día sentí que algo había cambiado entre Ana y yo; el beso de bienvenida fue un beso frío, sin amor, girando la cara para evitar que la besara, como siempre, en los labios. En ese momento supe que algo iba a cambiar en mi vida, aunque mi soberbia aún me hizo pensar que, si era así, ella se lo perdía.

La cena, en la cocina, como de costumbre, no tuvo la calidez de antaño, cuando llegamos a Madrid, en que encendíamos velas para cenar en la diminuta sala de nuestro apartamento, nos besábamos a todas horas y siempre había un guiño de complicidad en nuestras miradas, una comprensión sin palabras, unos silencios trenzados de amor que no pedían palabras si no, simplemente, estar juntos.

Pedro, Ayer nos traicionaste, traicionaste a Ana, a Cata y a mi, como vienes haciendo desde hace demasiado tiempo, me dijo Ana, lo recuerdo como si fuera ahora, aunque en aquel momento no le dí demasiada importancia.

Yo argumenté la importancia de mi trabajo, los esfuerzos que estaba haciendo porque no les faltara de nada, porque pudieran tener una casa confortable, un colegio privado, un club social, y Ana me dejó hablar y hablar. Es el recuerdo más nítido que tengo, el de hablar sin parar y ella mirarme con una mirada vacía, cansada ¡no!, extenuada más bien.

Dos horas después, se levantó y me dijo que volvían al día siguiente a Barcelona. Había hablado con sus padres y le harían un sitio hasta que encontrara un apartamento. Había llamado a TORTEL y su Jefa estaría encantada de volver a tenerla en el Equipo, proponiéndole dar algunas clases de Recursos Humanos en el master que ella dirigía en una universidad privada.

Piensa – dijo Pedro – que todo aquello lo dijo sin emoción en la voz, pero con gruesos lagrimas corriendo por sus mejillas. Aquella noche dormí en el sofá.

Los dos días siguientes, no tuve tiempo ni para pensar tan siquiera; veía a Marga mirarme con cara de preocupación y pensaba que con una que me dejara, ya era suficiente, ¿o es que nadie veía quien tiraba del carro?

Llegué a Sevilla para recoger el premio, del cual se hicieron eco los principales medios de comunicaciones locales y nacionales. El Presidente de la empresa me llamó para felicitarme, igual que el President de la Generalitat, y aquello no hacía más que crecer y crecer. Era final de junio del 91.

Llamé a Ana pero no conseguí hablar con ella; recuerda que en aquella época los móviles no eran como ahora y, aunque lo hubieran sido, tampoco habría conseguido hablar con ella. Me llamó su hermano, con quien tenía una buena amistad para pedirme que le dejara espacio, que él se ocuparía de mantenerme informado.

Llegó el mes de diciembre y yo seguía con mi ritmo frenético, pero algo estaba cambiando en mi interior, aunque yo pensaba que era algún catarro mal curado…hasta que estalló todo.

En este punto de la charla, llegó la sopa, humeante, espesa y aromática, con una maravillosa sonrisa de Montserrat que no dejaba pasar ocasión de flirtear con Juan Carlos. Venga chicos – dijo Montserrat -, dejar de darle un rato a la lengua –aquí le guiño el ojo a Juan Carlos – esto se toma bien caliente.

Durante un rato, la conversación se tornó en soplidos a la cuchara y sonidos de satisfacción por un sabor que llenaba el paladar de matices poco convencionales pero muy sabrosos, algo muy habitual en la cocina de su anfitriona. Al terminar, habían entrado en calor, con alguna gota de sudor en sus frentes y las mejillas encendidas por la chimenea y las calorías ingeridas.

Cuando les retiraron los platos, llegaron los canelones, también humeantes, bien gratinados y con un olor penetrante y sabrosos, al punto de que no era posible tomarlos sin escaldarse la boca por ello, así que dejaron los tenedores y volvieron a la charla.

Por el puente de la Purísima, el 7 de diciembre, fui a comer con Marga, mi secretaria, al restaurante al que solíamos ir, muy cerca de la oficina, en una de las calles que dan a Castellana. Aquella chiquita me aprecia de verdad y aún ahora seguimos en contacto, tanto conmigo como con Ana. Ella fue una pieza clave para que todo volviera a su sitio.

- En aquel momento, sonó el teléfono de Pedro y su cara se iluminó al ver que era Ana – Perdona Juan Carlos, es Ana. Hola Ana, sí, aquí estamos, en la fonda de la Montse con Juan Carlos y unos canelones que no pueden comerse de puro calientes – ahí bajó la voz para decirle – Montse le está tirando los trastos a Juan Carlos de una forma bárbara. Sí –reía Pedro – no te preocupes, nos cuidaremos y os esperamos a Maca y a ti el sábado con las niñas, tengo ganas de veros. Un beso, adiós.

Era Ana, que muchos recuerdos y que, según lo previsto, Maca llega con el AVE de Sevilla el viernes a la noche, así que el sábado a primera hora las tendremos aquí con toda la troupe.

domingo, 4 de marzo de 2012

La disculpa y el perdón


Leía no hace muchos días, una disculpa a través de las redes sociales, de una persona hacia un grupo de ellas. Lo primero que me sorprendió fue su contundencia al afirmar que se veía obligado a hacerlo, es decir, que esa disculpa, no nacía del corazón si no de la rabia o, al menos, esa era la sensación que en mi provocaba su lectura.

La verdad es que al leerla el sentimiento que me invadió fue el de la tristeza, tristeza por ver la inquina de la persona que lo escribía, por ver su incapacidad de arrepentimiento, y es que sin arrepentimiento, es imposible que se cree esa comunión entre ofendido y ofensor que permita el olvido de la ofensa.

La disculpa requiere de un arrepentimiento sincero, salido directamente de nuestro corazón, que permita la aceptación desde el receptor de la disculpa que lo convertirá en perdón y permitirá que empiecen a restañarse las heridas producidas, sean superficiales o profundas.

Tal como lo veo, deben haber dos elementos fundamentales en la petición de perdón:

·       Arrepentimiento sincero de lo realizado.
·       Deseo de sanar el dolor provocado

En caso contrario el efecto provocado será, precisamente, el contrario. Aquí no valen excusas de ningún tipo, ni circunstanciales, ni ideológicas ni de tipo alguno; simplemente la petición y la espera de un perdón que en ocasiones puede no producirse.

Quizás el máximo exponente de ese perdón, pudiera ser el del líder sudafricano Nelson Mandela, quien tras un cautiverio de 27 años, supo perdonar a sus carceleros, pero no podemos olvidar a nuestros vecinos, a nuestros hijos, a nuestros amigos, que saben perdonar en el dolor.

Y es que incluso desde una perspectiva egoísta,  la herida no puede empezar a cicatrizar hasta que no llega el perdón, quedando la herida abierta y supurante de la más amarga de las bilis: la del odio y el resentimiento.

Nuevamente, no es ni fácil ni rápido y, posiblemente, no podamos llegar a perdonar, pero el ejercicio de considerar tan solo la posibilidad, nos hará crecer.

Del mismo modo, la disculpa escuece y aturde el pensamiento del ego, insaciable en su búsqueda del brillo personal que nunca se equivoca. Tan solo cuando la disculpa nace, la soberbia muere un poco.

¿podrás perdonarme?