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miércoles, 2 de mayo de 2012

EL ÉXITO ERES TÚ (XIV)


CAPITULO II

 Viviendo el éxito (X)

Cuando me recibió, tenía preparado un refrigerio a base de canapés, pinchos y refrescos. Todo lo que había en aquel despacho invitaba a la confidencia, así que me abrí tal y como había hecho con Ana.

Juan Carlos y Pedro llegaron a un mirador en el camino y se sentaron en un banco que tenía una vista privilegiada de un Mediterráneo ahora en calma.

Le conté mis sensaciones, aunque omitiendo la noche pasada con mi otro yo, no fuera que me tomara por loco. Tampoco se trataba de eso.

Después de dos horas de monólogo, me sugirió que tomara vacaciones hasta después de reyes, luego ya veríamos, pero estaba claro que no podía seguir ese ritmo.

Esos dos días vi claro que el éxito era otra cosa, era mi mujer, eran mis hijas, era el trabajo hecho con amor, era el compromiso con los otros, era mi espacio y el espacio de los que quiero, era ser y no tener o hacer, aunque en aquel momento aún no sabía que faltaban piezas importantes en el puzzle.

Ahí empezó, de verdad, a gestarse el cambio en mi vida. Tenía 32 años y un montón de ilusiones por descubrir.

Ostras Juan Carlos!, mira que maravilla de puesta de sol; eso forma parte del éxito, poder ver una vista como esta con un amigo y sentirte feliz, aunque para ello hayan tenido que haber aprendizajes muy duros.

Desde luego, si no puedes ver una puesta de sol como esta junto a un amigo, ¿para qué sirve el éxito?

Esa fue la enseñanza que extraje de ahí aunque más que esa, fue la matización del significado del éxito

¿Qué quieres decir con eso?, preguntó Juan Carlos deleitado por los tonos anaranjados del sol mientras desaparecía, cada vez más rápido, en un Mediterráneo que iba tornando su azul en unos tonos cálidos que invitaban a la contemplación y la confidencia.

Sí, tenía la misma idea del éxito que pueda tener cualquier chaval de treinta y pocos años: mucha proyección social, sensación de imprescindibilidad, ropa cara, coches caros, una nómina con muchos ceros, club social, gente a tu alrededor que no hace otra cosa que reírte las gracias y alguna que otra idiotez por el estilo.

¿y?

Acabé descubriendo lo que te decía, que el éxito está en cada uno y para nada depende de lo que tienes o lo que haces si no de lo que realmente ERES y de la huella que dejas en los tuyos, en tu pareja, en tus hijos, si los hay, en tus amigos y, al final, en la comunidad de la que formas parte.

Ahora tengo claro de que vivía un sucedáneo de vida, con mucha intensidad, eso sí, pero sin pararme a pensar en ningún momento bajo  què valores estaba viviendo esa etapa; cuando lo hice, descubrí que estaba traicionando mis más íntimas creencias: La familia, mi esposa, la honestidad, la libertad

¡Que equivocado llegué a estar!; tenía todo lo que necesitaba para ser feliz y a punto estuve de tirarlo por la borda. Tal como te decía, empecé a atisbar el significado del éxito pero aún quedaba mucho camino y aprendizaje por recorrer.

Podría decirse que viví el éxito de revista de Peluquería, y ahí fue también donde empecé a pensar si realmente me quería o quería la imagen que reflejaba en otros. Déjame ser un poco místico – dijo Pedro con un guiño de complicidad – asemejo esa etapa a La Caverna de Platón, donde solo veía las sombras de la realidad.

domingo, 5 de junio de 2011

Frescura


Es como si de golpe hubiera una gran fiesta, un gran encuentro en el que confluimos una multitud de personas que, conociéndonos poco, habíamos generado un gran nivel de simpatía unos por otros, hasta tal punto que estábamos dispuestos a compartir escudilla y papel, esfuerzo y trabajo, alegrías y penas, sueños e ilusiones.

Nadie nos había convocado a esta fiesta y, sin embargo, todos sabíamos que iba a celebrarse y allí estábamos, prestos a colaborar en lo que fuera necesario, ora uno, ora el otro, sin fijarnos en quien hizo qué o cuando lo hizo o como lo hizo ya que, lo principal, es que se hizo, y se hizo con ilusión, ímpetu y empuje; de alguna manera, con la máxima involucración, notando que aquello era el inicio de algo muy grande que trascendía a los propios participantes.

Era como navegar con serenidad y sabiduría por unos rápidos desconocidos, sabedores que sabríamos poner el conocimiento y la destreza a nuestra disposición en cuanto hiciera falta, mientras el agua fresca, cristalina y pura, nos regalaba su caótico orden que mantenía unidas sus gotas en el momento en que el río se transformaba en otro río, en otra agua.

Rocío de la mañana primaveral, fresco y húmedo, creando Vida allí donde estaba dormida, despertando sentidos y emociones hasta ahora abotargadas y lánguidas.

Mis sentidos no dejan de activarse una y otra vez, sintiéndome parte integrante de un todo mucho mayor, parte de sus fibras, indivisible.

Es una bacanal de aire fresco, de ventanales abiertos, de renovación, de cambio de paradigmas, de personas todas involucradas en un mismo fin: transformar desde nuestro ser, desde nuestro oficio, plantando la simiente que sabemos germinará y hará brotar un arco iris de nuevas sensaciones, de nuevas realidades.

Esta semana que vemos nacer incipiente conforma, no ya un cambio, si no una transformación en el mundo tal como lo intuyo, como lo conozco, como lo vivo, y espero poder transmitirlo tal cual lo siento, con toda la pasión, el empuje y la luz que ya brilla con su fuego propio, alumbrando otros caminos.

¿Me acompañas?