Ojo!, no hablo de estar de cuerpo
presente, ya que eso es lo que hacemos cuando simplemente nos hayamos
físicamente en un lugar y nuestra mente está a cientos de horas o de kilómetros
de allí, o quizás ambas cosas a la vez. Algo así parece que ocurre con cierto
tipo de personas cuando está acompañadas, haciendo cualquier actividad, en su
puesto de trabajo, sea este cual
sea, o incluso con su familia, en
la que, simplemente, se limitan a hacer presentismo de cuerpo, que no de mente.
Hablo de estar 100% en el lugar,
en el momento, percibiendo todos y cada uno de los matices en los que focalizo
mi atención y que me permiten ser consciente de lo que ocurre aquí y ahora, el
tiempo y el lugar que me permiten vivir. Ese es el momento en el que me
encuentro en comunión con las personas con las que estoy, en las que un lazo
invisible nos une para compartir esa vivencia, esa charla, ese momento, bueno o
malo, alegre o triste, amenazador o ilusionante.
Curiosamente, es esa la relación
que se produce en una buena sesión de Coaching. Todas mis voces interiores
quedan en silencio, todas salvo las de la intuición que surge con fuerza de
entre la bruma de la información emitida por mi cliente y que surge de él y
para él. De repente, todos los estímulos ajenos a mi cliente desaparecen, todo
pasa a formar parte de esa relación que comparo con la que tiene el AVATAR con
su animal volador.
En este estado puedes percibir
todos y cada uno de los elementos de la naturaleza en ese momento, todos y cada
uno de los estímulos que se hacen presentes en el aquí y el ahora, excitando
tus sentidos de un modo difícil de conseguir por otros medios. Hablo de estar
presente, de acompañar al otro en ese impresionante camino hacia su interior.
Hoy estoy presente aquí, contigo,
mientras escribo estas letras.
¿Estarás hoy presente mientras
estás haciendo aquello que es importante, estar con tus amigos, compañeros o
familia?, verás que el cambio es importante; no se trata de estar, si no de
realmente estar con ellos.