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martes, 10 de mayo de 2011

Liderazgo, una Metacompetencia (VII)

Llegamos a una nueva competencia de las ligadas al Liderazgo, esta vez es Visión global con capacidad para bajar al detalle cuando es necesario, algo esencial para tener la visión del conjunto sin llegar a perder el detalle cuando esto es necesario.

Supongamos que estás en una calle de tu ciudad buscando un taxi como un loco, ya que tienes muy poco tiempo para la salida de tu AVE; el tiempo corre y no hay forma de que aparezca ninguno y, además, las líneas telefónicas, están caídas, así que no hay forma de buscar uno por cualquier otra vía que no sea la presencial.

Esta escena, era vista por alguien desde un 12º piso de un edificio situado a unos 500 metros del lugar de los hechos y, por más que chillaba, era imposible que le pudieras oír. Esa persona, veía como, a dos calles de allí, había una parada repleta de taxis, pero no te podía avisar.

En ocasiones, como líderes, puede ser interesante estar en esas callejuelas viendo que es lo que ocurre pero, en otras, es necesario tener la visión del conjunto para poder discernir, tanto las oportunidades, como los peligros. Importante balanceo entre la estrategia y la ejecución, entre el conjunto y sus partes, entre lo singular y lo plural; y ahí es donde se encuentra el arte de esa competencia, sabiendo ajustar ese balanceo a las circunstancias de cada momento, de cada organización, de cada Equipo de trabajo.

Volviendo al ejercicio de esta serie de posts, te propongo lo siguiente: cada día, en esa actividad que estás liderando, tomarás distancia y la analizarás en su globalidad y, una vez hecho esto, bajarás para observar, en compañía de las personas con las que interaccionas, el detalle de esos peligros u oportunidades, dejando que sean ellas las que encuentren sus propias soluciones.

viernes, 1 de abril de 2011

A vista de pájaro


Ayer, en Vallvidriera, un pueblecito anexo a Barcelona y separado de él por una carretera de pocos kilómetros, con unas vistas privilegiadas, tomamos conciencia de una serie de cosas que quería comentar aquí.

Veníamos pensando en nuestros pequeños problemas cotidianos, unos más acuciantes que otros, hasta que salimos a la terraza y vimos nuestra hermosa ciudad a los pies, en toda su enormidad y magnificencia. Desde aquí, no se veían los desconchones en los edificios, el urbano poniendo la multa o la parejita haciéndose arrumacos en la esquina; era una visión que nos permitía una imagen rápida y global de la ciudad.

En esa visión, podríamos haber visto dos incendios de forma simultánea en cada punta de la ciudad, un barco atracando en el puerto, un avión aterrizando y un globo irguiéndose orgulloso entre los edificios, algo imposible con una visión desde cualquiera de sus calles. Era la Visión a vista de pájaro, la que nos permitía ver el elemento Barcelona en su globalidad.

Por el contrario, era imposible percibir la belleza de la fachada de la Casa Vicens, edificio Modernista de la calle Carolinas, esa jovenzuela con piercing en su oreja acompañando a un anciano o el niño jugando con su skate. La vista de pájaro nos circunscribía a la globalidad, la vista en el escenario nos permitía captar cada uno de los detalles.

Y ahora, ¿Cuál de ellas es la mejor?. Me atrevo a pensar que ninguna de ellas, ambas son complementarias y se necesitan la una a la otra so pena de perder buena parte de la información, tal y como ocurre con cualquiera de las situaciones que atravesamos en nuestra vida a la que, si queremos ver con la  perspectiva y la información necesaria, es preciso ver desde su globalidad, su contexto, sus implicaciones, pero también profundizando en sus detalles.

Vi el colegio de mis hijos desde la distancia, perfecto en sus líneas y distribución, pero fui incapaz de percibir aquella sonrisa infantil en una cara traviesa, o aquel maestro moldeando la arcilla de la personalidad de aquel chaval; para eso, tendría que bajar al detalle y nadar en sus aguas.