Terminando su biografía no he
podido por menos que lanzarme a escribir estas líneas sin pretender, en ningún
caso, juzgar a la persona, aunque sí quizás dar mi opinión sobre el personaje.
Sigo pensando que en la raza humana
somos tremendamente injustos cuando subimos a alguien al pedestal y le
convertimos en un ídolo; injusto para el idolatrado e injusto para el creador
del ícono y sus seguidores. Injustos porque divinizamos a alguien y le
convertimos en irreal, llevándole a un nivel de exigencia que, simplemente, no
es de este planeta.
Al leer su historia, lo primero
que me viene a la cabeza es que, posiblemente, hacía falta una persona con esas características
para crear algo como lo que creó y que, posiblemente, está viviendo uno de sus
momentos de esplendor. Apasionado, exigente hasta la extenuación, riguroso y
ególatra hasta niveles máximos.
Es seguro que alguien más avezado
que yo en este tipo de diagnósticos, podría describir algún tipo de trastorno
de manual, aunque está claro que veía el mundo según su propio patrón de
conducta y percepción sin considerar, si quiera, que pudiera existir otro modo
de verlo, es decir, había una clara confusión entre el mapa y el
territorio, considerando como única SU verdad.
Trabajar con personas de este
talante, suele ser tarea harto compleja, si bien es cierto que suelen cosechar
grandes éxitos de los que la historia está llena, no obstante, no me alineo con
ese tipo de éxitos, es más, me distancio el máximo posible de sus creadores.
No concibo un tipo de trabajo en
Equipo en el que el insulto y la vejación sean el elemento de motivación, como
no comprendo que ignorar a una persona sea una de las praxis en un Equipo de
trabajo, o distorsionar la realidad la más común de las tareas.
Sí, es cierto que “lo hicieron
porque era imposible” es una excelente frase para definir como podemos hacer
saltar por los aires las realidades previstas y hacerlas mucho mayores, pero de
ahí a provocar una distorsión de la realidad, hay todo un abismo.