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martes, 8 de noviembre de 2011

Saltando sobre el charco

Recibía el correo de un compañero y amigo que realmente me ha dado un chute de adrenalina cuando lo he leído esta mañana.

Tras pasar unos días de lluvias y tormentas, nos invitaba a saltar entre y sobre los charcos de nuestro pueblos y ciudades y, la verdad, lo que me ha venido a la cabeza ha sido ponerme unos zapatos de suela gruesa, o tal vez descalzarme, e ir corriendo a disfrutar de lo que la naturaleza nos había brindado.

Correr, saltar sobre ellos, salpicar el árbol, la pared o el banco y soltar una cuantas carcajadas que liberen toda esa tensión que hay en nuestra atmósfera exterior y también interior, permitirme ser un poco gamberrete sin importar ensuciarme de barro o mojarme y remojarme hasta pillar un buen catarro.

A fin de cuentas, una pequeña travesura de vez en cuando, un darte permiso para hacer aquello que, en un niño, sería incuestionable y que dibujaría en él esa sonrisa pícara, esas mejillas sonrosadas de pura emoción y esfuerzo mientras se escapan risas sinceras, de diversión y transgresión…o no, no puede ser más que beneficioso.

Y después he pensado como sería eso en un día soleado como el de hoy, como sería saltar entre y sobre los charcos que la vida ha decidido ponerme delante. Podría ser liberador si me atrevo, si me doy permiso para ello, o podría ser angustioso ya que rompo esas normas de adultez inquebrantable sin dejar que salga ese niño que todos llevamos dentro.

Finalmente he decidido que sí, que efectivamente me iba a permitir embarrarme hasta las orejas, mojarme y, si el catarro decidía entrar, ya lo capearía como buenamente pudiera. Hoy me dedicaré a saltar sobre mis charcos, a reírme hasta de mi sobra y a buscar que tiene para mi ese barro, esa agua y, sobre todo, ese ánimo que ha llegado para mí en forma de correo.

Gracias Juan por poner ese arco iris en mi día.

Voy a saltar sobre los charcos, ¿vienes?

lunes, 10 de octubre de 2011

Dioses en nuestro interior

Parece increíble y, de hecho, cuando se comenta con cualquier persona, la reacción más habitual es la de huida, la de esconder la cabeza bajo el ala, y es que llegar a admitir eso, es de una gran responsabilidad. Os hablo del inmenso potencial que encerramos en nuestro interior, de un potencial que no tiene fin y que nos permite llegar donde queramos llegar, si y solo si nos damos permiso para ello.

Estamos hablando de conocernos y de conocernos bien, de hacer una profunda introspección, una especie de Camino de Santiago interior que nos lleve a los más recónditos lugares de nuestro Ser, reconociendo todo aquello que hemos guardado bajo siete llaves para que nadie pudiera descubrirlo, unas veces, temerosos de nuestro entorno, otras de nosotros mismos.

Debo admitirlo, TENGO GANAS DE SER YO, huir de quien los demás quieren que sea, empezar a escribir la historia de mi vida en lugar de dejar que sean otros quienes lo hagan. Tengo ganas de mirarme en el espejo y reconocerme a mi en la persona que mira desde el otro lado, reconocer a ese gran hombre o esa gran mujer y, en una frase, reconocer a ese gran ser que radica en mi interior y que me niego, de un modo u otro, a dejar salir.

Estos párrafos pueden sonar un tanto apocalípticos, pero es el sentir que se percibe cuando se habla con cualquier persona en cierta profundidad. Los miedos, las creencias, las culturas, los usos y costumbres, nos constriñen hasta dejarnos sin apenas respiración, bajo el criterio de que tal o cual cosa, está fuera de mis posibilidades, cuando no hay nada más lejos de la realidad puesto que todos y cada uno de nosotros, somos dioses en nosotros mismos, entendiendo como tales a aquellos seres capaces de diseñar un universo, “nuestro universo”.

La vida que hemos elegido hasta hora es posible que haya sido una vida cercenada en su esencia, escogiendo tan solo aquello que nos estuviera permitido o que pensáramos que nos estuviera permitido pero, ¿y si no lo fuera?, ¿y si la vida estuviera ante nosotros en toda su plenitud?

Una buena amiga siempre me dice “date permiso”, y eso es lo que hoy, desde estas líneas, te pido con insistencia: “solo date permiso e imagina cómo sería todo si no hubieran límites”, luego explora, averigua y ten el coraje de ir a por lo que realmente te corresponde: Tu Vida.

¿Lo harás?, Te estamos esperando